¿Se acerca el invierno?

¿Qué está pasando? Mucho se acerca el invierno, se acerca el invierno, pero no llega, malditos Stark y sus refranes de abuela con tanga de franela… Tal vez me estás leyendo con un carambanito colgando de la nariz y ahora mismo te estás acordando de toda mi familia como si  fuera la lista de los reyes godos, pero donde estoy yo (hemisferio norte, clima mediterráneo, comedor de mi casa), no puede ser que a mediados de enero pueda salir a la calle sin chaqueta y sin morir a lo Walt Disney.

Lo que tengo claro es que dentro de un mes me arrepentiré amargamente de pedir esto, pero por favor, QUE LLEGUE EL FRÍO YA. Cada mañana me levanto y como es enero me pongo mis cuatro camisetas térmicas, un jersey de cuello alto, chaqueta de piel de longaniza, guantes, bufanda, orejeras y raquetas de nieve. En el ascensor las conversaciones son tensas, insostenibles: “”a ver si hoy se nos congela algún miembro…” comento con mis vecinos, cabizbaja.

Y abro la puerta de la calle. Una brisa primaveral cargada de aroma a mierrrrrr… ejem, compost inunda mis fosas nasales. El sol acaricia mi cara, los pájaros trinan despelotados desde los árboles, las flores se contonean. Ah, no, que son ratas de carnaval… Qué calorrrrrrrr… Empiezo a tironear del cuello de cisne hasta convertirlo en pata de elefante. Me falta el aire, soy como un astronauta sin la escafandra. A mi alrededor, cuatro gilipollas más se quitan los anoraks mientras sudan como pollos.

Diez metros y tres kilos de ropa esturreada por el suelo más adelante, me arrastro hasta la sombra más cercana. Justo antes de perder el conocimiento veo correr hacia mí una silueta cargada con un cubo de agua que… ¡Choffff! ¡Desgraciado, que me había planchado el pelo! Qué le vamos a hacer, yo me vuelvo corriendo a casa y vuelvo a salir en bikini y pareo.

Luego dicen que en este país hay mucho pareo…

No quiero despedirme sin mentarte a la madre que parió la meteorología y comentarte que si no has leído todavía ninguna de mis novelas, “Al otro lado de las llamas” y “Lúa“, ya tardas. Las dos tienen unas valoraciones de cinco estrellas de media, ¡a qué estás esperando!

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Ya estoy de vuelta

Ya ves, estas navidades me he cogido vacaciones y no he escrito en el blog, no me he cortado las uñas y no me he duchado. Ah, esto es vida… Pero todo lo bueno se acaba, y hay que volver a la normalidad. Cuando te llaman para ficharte para la próxima película de Star Wars, sabes que ha llegado el momento de meterte en la ducha con aguarrás y un estropajo nanas.

Y ahora que ya puedo separar los dedos de las manos otra vez (estaban haciendo una involución a la pezuña porquilde), me lío con el primer post del año, cargado de energía y buen humor, y… ¿propósitos de año nuevo? No, gracias. Si no he sido capaz de ponerme a dieta en los últimos cinco años, no veo por qué tengo que flagelarme psicológicamente durante quince días para luego mandar el régimen a tomar por jurjo. ¡Aquí nada de régimen, que esto es una democracia!

Si quiero hacer algo, lo haré cuando me apetezca, concretamente el doce de marzo (fecha sin connotaciones especiales en mi vida, que tradicionalmente he pasado sin pena ni gloria, ni perro que me ladre). Faltaría más. Por el momento, voy a seguir reconcentrada en mis temas, a saber: ¿Dónde está la mano del cadáver que descuarticé hace dos semanas? ¿Por qué se habla tanto de la bomba de hidrógeno de Corea del Norte y nadie dice nada de la bomba de agua que se ha montado mi vecino? ¿Cuándo llegará el frío para que pueda lucir mi chaquetón de pelo de poni? ¿¿Por qué esta mierda de chaquetón no me cierra, será porque es de pelo de poni y tendría que ser de pelo de caballo culón?? Y por último, pero no menos importante, ¿por qué tengo la cocina infestada de moscas?

Respecto a mi faceta de escritora, que últimamente no menciono mucho por temor a que sepas que escribo novelas (¡oh, my god, se me ha escapado!), le he pedido a los Reyes Magos que me dejara publicar mi tercera novela y… Ya casi puedo olerla… De momento y para abrir el apetito, te dejo mis dos primeras novelas: “Al otro lado de las llamas” y “Lúa”. Están en Amazon. La página web. No el río. Esta aclaración es innecesaria si no eres mi abuela, ¡¡¡PERO PODRÍAS SERLO!!!.

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Olor a navidad

Me encantan los anuncios de perfumes que llenan horas y horas de la parrilla televisiva. Antes los perfumes eran como un agüilla que olía bien y te la echabas a litros por encima para tapar el olor a sobaco. Los hombres usaban Royal Ambré y las mujeres, Ó de Rochas. Pero eso ha cambiado. Ahora el perfume masculino va a convertir a un ejemplar cualquiera de cerdo ibérico en un amasijo de abdominales más apretados que unos tejanos después de navidad.

Y en calzoncillos, claro, que se vean bien los músculos, ese brillo aceitado de la piel morena, esa depilación con cortacésped…

¿Más propiedades del perfume masculino? Pues que tiras de un pelo del desagüe de la bañera y sale una jamelga en lencería fina (léase que tiene los pechos más apretados que unos tejanos después de nav… ¿Me estoy repitiendo? Perdón, será el ajo) que cierra los ojos y te huele como si saliera por primera vez de la pocilga (porky, que eres una porky), como si quisiera quitarte los ácaros de encima, como si… ¡Eh, chavala, sin tocar, que sales de una alcantarilla!

El perfume femenino no se queda corto, pero además de convertirte en una gacela famélica pintada como una puerta, también tiene efectos alucinógenos. Y te pones a correr por un prado, te tiras de cabeza a la sección de gladiolos de la floristería, te crece un vestido de noche con una cola de tres metros y los hombres te miran asombrados, como si llevaras las bragas en la cabeza. Pero claro, ¿¿no son para tapar el moño??

Yo lo tengo claro, me he pedido dos litros de perfume, a ver si me quito esos simpáticos kilos de más de encima a base de base floral con toques cítricos ligeramente almizclados. Y de paso que me arrullen los matorrales a mi paso.

Que sepas que he vuelto a pasar una fase eliminatoria del concurso literario en el que participo con “Al otro lado de las llamas”. Ahora estamos en la última fase en que se vota (se puede una vez al día, como el sexo. Pero luego no lo haces, como el sexo) y termina el día 20 de diciembre… ¡Hostia, te estoy pidiendo el voto hasta el 20D, y eso que no me presento para presidenta del gobierno!

En fin, si pinchas aquí puedes votarme (si no funciona, pones ver todas las obras y vuelves a entrar en la mía. Cosas del directo).

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Menage a true detective

El trabajo de detective es muy duro. Pero no esa tontería de meterse en internet y sacar toda la información, que eso se hace en pijama de conejitos y pantuflas desde casa… Bueno, y sabiendo más de ordenadores que la niña que soñaba con una cerilla y un bidón de gasofa. Detallitos. Yo me refiero a pisar la calle, a seguir al sujeto, aunque llueva, aunque se meta en una sauna (y tú ahí, con tu gabardina, aguantando mecha…), aunque vaya sembrando el pasillo de pedos encebollados.

¡Eso es perseverancia!

Para ser un buen detective, lo primero que tienes que hacer es meterte en la tienda del espía (cualquier persona que entra en esa tienda pasa a formar parte de un listado que se utiliza en el servicio de inteligencia en casos extremos, como cuando se termina el papel de wáter) y comprar todo lo que pilles: el zapatófono, los clips de pelo de Pucca (¿qué ha pasado con Pucca? ¿Fue flor de un día? ¿Qué tienen los Beatles que no tenga Pucca? Eso es otro debate apasionante que abordaré cuando se extingan las patatas fritas) con cámara incorporada, el moco colgante falso, el puro con un petardo dentro…

Cuando ya te has pertrechado como para rodar Casino Royale Manzanares, te vas en busca del pichón, aguardas pacientemente que salga del baño, entras rápidamente tras él y tomas una muestra de pelos de esos que hacen que te preguntes sobre la alopecia pollera y luego le sigues. Apuntas en tu libreta de espiral de los chinos todos sus movimientos: pierna derecha, pierna izquierda, pierna derech… ¡Que no se diga que se te escapa detalle!

El sujeto se mete por una puerta, tú detrás. Una mujer despanzurrante espera al otro lado. El palomo se quita la ropa, tú también. El pichón se pincha a la moza, tú por el otro lado. Hay que pasar desapercibido. Tal como daba a entender su descripción, la mujer se despanzurra. Te integras tanto que ellos paran y te aplauden. Mientras tanto, no dejas de hacer fotos con la cámara que tienes oculta en el reloj de cuco que llevas colgado del cuello. Nadie se da cuenta.

Todo termina, te vistes, te vas como una sombra, un ninja, un fantasm… ¡Crash! Tócate el mondongo, el jarrón chino este, que se ha cruzado en medio y… Nada que no se arregle con un poco de pegamento… En fin, te vas sigilosamente pisando los trocitos de porcelana y redactas tu informe para la tipa despanzurrante, que es la que te contrató. Pues nada, el maromo le está siendo infiel con ella misma, está claro, y con un hombre misterioso que irrumpió dándolo todo y dejó el pabellón tan alto que hay que subir en globo.

Eso no puede hacerlo la niña pirómana con su portátil, ¿eing? ¿EING?

Tienes que saber, si es que tus dotes de detective no te lo han mostrado ya, que he pasado otra fase eliminatoria del concurso literario de editorial Tagus. ¿Cómo, aún no se ha terminado? Pues no, alma santa, no, esto es como el parto de la burra, así que voy a pedir tu voto cual candidato a presidente de la escalera. Solo tienes que dejar que tu ratón se emocione aquí, ir a ver todas las obras, y la mía está en la pag 4 (o la 5 si entras desde tu móvil o desde Canarias). Puedes votar una vez al día. También puedes no hacerlo y sufrir las consecuencias…

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Pasión abueloide

¿Sabes? Me ha dado por el crochet. No, no es eso de darle hostias a una pelotita con una maza (deporte de esos que no adelgazan), es ganchillo de toda la vida. Como una abuela, sí… Salvo que ahora está muy de moda y queda muy cool hacer bragas de lana (de las del cuello, las otras mejor no, que eso pica más que las hormigas caníbales) en el tren. Siempre y cuando lleves algún detalle hípster, fashion victimer o chachipiruler, como unos auriculares de color fursia (perdón, furcia) más grandes que las orejas de Dumbo.

Todo empezó con un dolor de espalda que no me dejaba moverme. Necesitaba algo que hacer, ya había roído todas las patas de la mesa y me aburría. Muncho. ¿Y por qué no escribías, alma de cántaro?, preguntarás… ¡Pues porque no me sale del pitingo! Quería cambiar, hacer algo diferente, innovador, algo que revolucionara el mundo… ¡Un gorrito de ganchillo!

Y empiezas con un gorrito de bebé, te sobra lana, haces unos patucos… Como no le quepa todo esto cuando nazca, el osito de peluche va a tener más ropa que Pretty Woman después de irse de compras. Ahora estoy haciendo gorros, bragas y bufandas a amigos y familiares. En dos meses calculo que tendré todo el piso cubierto de tapetes. Después… ¡EL MUNDO!

Podría ser peor, podría invertir mi tiempo en lanzar papel de wáter usado por el balcón. Con el crochet (ay, suena como a bollería… Ponme un café con leche y un crochet de chocolate, porfins, camareri), siempre que alguien venga a verme y me haga parar de vez en cuando para que no muera de inanición, para que me duche y esas cosas que… Vaya, me he hecho popó encima. Necesito más vida social.

¿Sabes que estoy participando en una lectura conjunta de mi novela “Lúa” con un grupete muy majo de gente? Ellos se lo pasan muy bien, pero yo me estoy comiendo los puños porque van comentando a medida que van leyendo y por no desvelar la trama, me tengo que morder los puños. Con el de la izquierda ya voy por el codo…

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Cinéfilos y otros pervertidos

Es muy difícil hablar de cine con otra gente. Si sabes mucho, porque spoileas todo lo que tocas, y si sabes poco, porque te spoilean a ti. Yo soy muy cinéfila, pero desde que no hacen las pelis en beta… Lo más nuevo que tengo es los Cazafantasmas. ¿Cómo? ¿Que el Titanic al final se hunde? ¿Pero por qué se supone que tendría que saber eso, si yo no veo pelis de Di Caprio?

Hay cosas incomprensibles, como que todo el mundo dé por sentado que sé de qué van los diez mandamientos, pero no tengo por qué saber cuáles son las normas de la casa de la sidra (que, obviamente, será que no tires una pera dentro…). También se supone que tengo que ver porno, pero no sé quién leches es ese Sam y por qué le piden todo el rato que la vuelva a tocar… ¡Será que el tío es un portento! Tampoco me suena El Bosque, una peli que no triunfó mucho, evidentemente porque el bosque no está de moda. Ahora se lleva todo depilado.

Hay pelis que me apetece ver, como La Gran Evasión, sobre fraude fiscal y cómo sacar dinero del país en cómodas bolsas de basura, y El Señor de los Anillos, una biografía no autorizada de M.A. Barracus. Mira si da su vida de sí, que han hecho tres pelis sobre el asunto y una precuela: El Hobby, que se centra en su afición al bricolaje y a volcar coches. Qué vida tan interesante y llena de… ¿elfos? Bueno, veo que tuvo problemas con las drogas. Lo que no entiendo es qué pinta ese tal Sauron, un tío que debe de tener hemorroides porque se pasa el día hablando de su ojete…

En fin, mientras algunos siguen alucinando con las pelis en 3D, yo les recomiendo ir a la montaña, donde también van a ver árboles en 3D y, con suerte, un jabalí les hará vivir una experiencia 4D (una hostia en el espacio y en el tiempo que les llevará volando a la dimensión desconocida). Si al final, quien no ahorra es porque no quiere. Me voy al videoclub a ver si ha salido ya alguna novedad en beta, que se están retrasando ya un poco…

Últimas noticias: he pasado la segunda eliminatoria del concurso de Editorial Tagus con mi novela “Al otro lado de las llamas”. La siguiente fase solo la pasarán las 5 novelas más votadas, así que necesito medio milagrito para llegar (un milagro entero no hace falta, no estamos lavando los platos de Villa Abajo). Ya sabes que puedes votar una vez al día desde Facebook y bla, bla, bla… Pero ahora tienes que decírselo a TODO EL MUNDO. Al club de patchwork. A la secta de la esquina. A los cereales del desayuno.

Te recuerdo el link. Te recuerdo también que hace un frío que pela.

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Tiran menos dos baterías que…

¿Qué pasa con las baterías, que no duran nada? No sé si a ti te pasa lo mismo, pero yo cargo el móvil por la noche, por la mañana me lo encuentro al 100%, haciendo unos abdominales, lozano y preparado para afrontar un nuevo día… Y a las dos horas, a la que me descuido, miro la batería y ya está a menos del 30%. ¿Pero qué has hecho, desgraciada? ¿¿¿Te has dejado meter mano por una pila alcalina???

Estoy convencida que cuando no miro, este móvil hace videoconferencias a Nueva Zelanda para ver kiwis pelados (si lo sabré yo, que es un guarrete, solo tienes que mirar cómo tiene la pantalla…). Porque lo que es yo, apenas le doy uso: revisar los mails, dar los buenos días a mis treinta grupos de whatsapp, bajarme alguna imagen de un bebé enfadado porque es lunes (aunque tú y yo sabemos que en realidad le están acercando un mechero encendido al pie) y ya está.

Bueno, también twitear un poco, ver algunos videos graciosos, consultar mi blog, hacerme un selfie con alguien que creía que era un famoso asesino en serie pero que luego me confiesa que no, que él solo se dedica a meter petardos en los buzones. Y ni siquiera encendidos. Un fracasado. En fin, yo a lo mío, que todavía tengo que ponerme al día de todas las interacciones de Facebook y…

¡¡7% de batería ya!! ¿No te digo que este móvil tiene una vida secreta? Y no solo el móvil, la batería del portátil baja ante mis ojos sin ninguna vergüenza. Aunque yo señale la barrita de energía (por cierto, no es de cereales, te lo digo para que te ahorres el lametón a la pantalla) con un dedo acusador y grite “¡Ajajá! Te pillé bajando cual población de linces ibéricos”, ella sigue bajando y bajando a una velocidad cercana a la del sonido.

Vamos, que mi portátil no es un portátil, es un portable, porque pesa poco y se deja llevar donde yo quiero (y sin echarle drogaína en el cubata, ni nada), pero tiene que estar siempre enchufado a la corriente. Es un yonki de los electrones… Probaré a cambiar la corriente por metadona (¿o es mercadona? El gluten me nubla las ideas), a ver si lo voy desenganchando.

Un breve comentario a mi último post, donde dije que era imposible que mis posts se hicieran virales y curiosamente, fue y se hizo viral. Ya se sabe, los virus son muy porculeros. Pues eso, échale un ojo, que ahí te explico cómo ayudarme a ganar un concurso literario al que me he presentado a poncho descubierto con mi novela “Al otro lado de las llamas”.

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La viralidad o cómo se ha matao Paco

Estoy hasta los chambursís de oír que cualquier tontería, cualquier vídeo de gatitos tratando de salir de un horno encendido (al parecer alguien ha confundido cuquis con cookies), cualquier estrunciada de morros contra una barandilla se hace viral, y en cuestión de horas cientos, miles, milones (¡!!) de personas los han visto.

Yo llevo ya un tiempo en las redes sociales soltando mis paridas (bueno, son paridas, pero esto no se le ocurre a cualquiera, ¿eing? Requiere un cuadro psicológico muy concreto y una medicación totalmente inadecuada) a diestro y siniestro en mi blog, en Facebook, en Twitter… Y nada, aquí ni virus, ni una triste gripe, a lo sumo una tosecilla cojonera. Tal vez tendría que sazonar mis posts con vídeos de escarabajos con tutú (mmm, sugerente, ¿a que sí? ¡Volad con eso puesto, desgraciados!), o hacer esa cosa supersorprendente, inédita y absolutamente descimborriante que no se me ocurre (y a ti tampoco, deja de reírte por debajo de la napia). Pero no porque no se me pueda ocurrir, ¿eh? Es que sufro de estreñimiento…

A ver, ¿a quién hay que matar aquí para que la gente acuda a mis letrillas como moscas a la mierd…? ¡¡¡MIEL!!! ¡¡A la miel!! En fin, no me importa, porque llevo torta… Sí, no sabes la mala leche que se gasta el vecino de abajo cuando le tiro lejía sobre su ropa tendida. Me gusta pensar que solo escribo para una élite de hackers que han encontrado mis posts en un laberinto de vídeos de gatitos y skaters escupiendo sus dientes. Soy como el Luis Butrón de internet. Todos quieren leerme, pero solo me lees TÚ.

Por cierto, tengo una gran noticia: ¡¡¡he pasado la primera fase eliminatoria del concurso literario de editorial Tagus!!! Sí, que corra el alcohol, quememos la ropa interior, lancemos artificiales… Uy, una rata huye despavorida, se conoce que tiene resaca. Bueno, ¿y ahora qué? ¡Pues a seguir votando! Me encomiendo a ti y a todos los santos (pero más a ti, no nos vamos a engañar, porque los santos no suelen tener Facebook) para que compartas esta lucha imberbe con parientes, amigos y cuchipandi en general, para que ellos también voten (bueno, que me voten A MÍ).

Pinchas aquí, pinchas en “ver todas las obras”, luego buscas “Al otro lado de las llamas”, que oscila cual mariposuela entre las páginas 3 y 5, y la votas. ¡¡¡Gracias mil, ahora y en abril!!!

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Se acabó la supermujer

Soy una mujer sencilla, le pido poco a la vida… Bueno, vale, le pido mucho, pero por algún motivo extraño no me hace caso. Sin embargo, la sociedad sí que exige muchas cosas de mí. Con esta tontería de la supermujer, ahora resulta que además de trabajar, tengo que cuidar al congrio y pasar con ella “horas de calidad”, es decir, nada de atarla y amordazarla para jugar a ver cuánto tiempo tarda en soltarse (ah, que largas horas de siesta me ha proporcionado este juego…).

Además, tengo que comprar, tener la casa como un pincel y llevar las uñas siempre perfectas. Cuando todos sabemos que es IMPOSIBLE pintarse las uñas de las dos manos bien. Te pintas una mano, la miras, sonríes satisfecha de esa perfección hecha rouge y entonces viene cuando la matan, es decir, coger el pincel (anda, como mi casa) con la mano tonta recién pintada y comenzar a dar brochazos que en el mejor de los casos terminan en el codo.

Que no, señores, que no soy una supermujer, que yo me canso y no me apetece jugar a ponerle el rabito a la letra (uy, qué idea para una peli pornoooooo) ni al carpintero amputado que solo puede sumar con tres dedos. Y mucho menos ponerme a sacar pelos del desagüe de la bañera, que yo creo que no se nos caen a nosotros, sino que crecen desde abajo… Es mucho más probable.

Yo quiero vivir como los griegos, pero los antiguos, los que se pasaban el día paseando envueltos en togas vaporosas de Chanel y se dedicaban a pensar, a hacer experimentos chorras como tirar huevos a la gente desde el terrado o lamerse un codo, a escribir libros de tres páginas y a ponerse los abdominales como los modelos de calzoncillos. ¡¡Y a comer embutido, que antes no era cancerígeno!!

¿Estoy pidiendo mucho? Bueno, pues se acabó la perfección. La casa se va a limpiar cuando las estalactitas me peinen al pasar, las uñas las llevaré en las puntas de los dedos como deferencia, pero nada de pintarlas, mucho menos dejarlas a cuadros escoceses, y voy a abrir una línea de debates con el congrio centrados en dos temas: “Tu mierda no es mi mierda. Tu mierda no es buena mierda. Recoge tu mierda” y “El silencio como nueva forma de protesta”.

En otro orden de cosas esto iría lo primero… Que me desvío del tema. En otro orden de cosas, el concurso literario al que me presenté va butifarra en popa. Si eres de esa buena gente que me vota cada día, te transmito mi más sincero agradecimiento y un par de platos sucios para lavar (¿¿ya estoy pidiendo mucho otra vez??). Y si no lo haces, échame una mano, ¿no ves que soy una persona psicológicamente con el pelo como una escarola?

Solo tienes que, CON LA SESIÓN DE FACEBOOK ABIERTA, entrar en el concurso de Autores Tagus, pulsar en “Ver todas las sinopsis”, buscar la sinopsis de “Al otro lado de las llamas” (en la página 3 desde PC, en la página 4 desde el móvil) y votarla. Una vez al día, como hacer caca.

Ah, que sepas que www.ebrolis.com, una iniciativa para descubrir ebooks gratis o muy baratos, recomienda mi novela “Al otro lado de las llamas”. Entra y échale un ojo (y recupéralo luego, que si no es un asco y lo deja todo pegajoso).

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Un esfuercito

Antes que nada, quiero agradecerte el esfuerzo que haces votándome cada día en el concurso de editorial Tagus (si no estás votando, devuélveme las gracias, que son muy caras). Como verás, la primera, la primera, no me voy a poner… PERO lo importante es estar en las primeras posiciones, porque hay varias etapas eliminatorias donde cogen a las novelas menos votadas, las torturan, les escupen y las tiran a los leones. Se rumorea que les quitan la vocal E, incluso…

Si no estás votando, que es una cosa que no te cuesta nada, que te va a dar buen karma, que te va a hacer sentir mejor y caminar con la cabeza bien alta, que te va a convertir en un ser irresistible y siempre bien peinado, inmune a los efectos adversos del beicon, ¿a qué esperas? Algunas personas tienen problemas para votar (el sufragio universal no llega a todas partes), pero si entras desde Facebook no hay problema. Los pasos a seguir son:

1.- Suénate. Un votante que se precie tiene que ir siempre con la napia como un pincelico.

2.- Entra en Facebook. No mires las notificaciones, no cuelgues una foto de un bebé dando los buenos días, NO TE ME DISPERSES

3.- Pon en el buscador AUTORES TAGUS

4.- Pincha en VOTAR SINOPSIS

5.- Si entras desde el PC, estoy en la pg 3. Si entras desde el móvil, navego entre la 4 y la 5

6.- Vota mi sinopsis (ahora no vayas a votar el Lazarillo de Tormes, ¿eing?). Mi novela se llama “Al otro lado de las llamas” (qué casualidad, como mi abuela materna!!!)

7.- Díselo a todos los seres vivos que conozcas, para que voten también (MI NOVELA). Esto es como la Macarena, que nadie tenía buenos motivos para bailarla, pero como lo hacía el de al lado…

8.- Yo te lo agradezco extremeñamente

9.- Si eres de los afortunados a los que les funciona el link, solo tienes que pinchar aquí y votar

Si no te deja, ACABAN DE INFORMARME FUENTES FIDEDIGNAS que desde ese link, si pinchas en VER TODAS LAS SINOPSIS y buscas la mía a manija (páginas 3 en pc y 4 en móvil), FUNCIONA!!!!!

10.- Se puede votar una vez al día, así que si tienes tiempo libre ya sabes… No, no lo digo para que te toques más, que no ganamos para polvs talco, sino para que me votes. ¡¡¡Para que me votessss!!!!

En fin, la vida del escritor es dura y nos pasamos el día pidiendo, pero también es cierto que comparados con los presos de máxima seguridad somos buena gente. Generalmente. Para ser que te pido tu voto, tengo más credibilidad que cualquier político (y eso que escribo fantasía medieval, pero esto es ASÍN), y luego ni te subiré los impuestos, ni les robaré los caramelos a los niños (salvo en casos de necesidad, que estoy embarazada y necesito azúcar con forma de osito).

Sí, estoy embarazada. Sí, no aprendemos… Sí, estoy como una pelota… No hagas como mi padre, que ayer le dije que el bebé ya pesaba 800 gramos y me dijo “vale, ¿y el resto de tonelaje?”. Los bebés no vienen envasados al vacío. Sí, me encuentro bien… Sí, me encontraré mejor si me votas. Tengo muchos pañales que comprar y no todos son para mí.

Por cierto, “Al otro lado de las llamas” sigue de oferta en Amazon hasta fin de mes, a 0,99€ (con eso no me llega ni para el chupete). ¡¡¡Aprovecha, que esto sí que se termina!!!

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