La inspiración

Ah, esa musa huidiza que te asalta en los momentos más insospechados… ¿Nunca has tenido una idea brillante en el retrete? ¿O cuando estás escondido detrás de un mostrador porque hay un tío con una metralleta al otro lado disparando a discreción? Y, sin embargo, cuando la necesitas, la inspiración se ha ido de vacaciones a un resort de esos que te ponen una pulserita y te pones hasta arriba de vasos de leche con cola-cao. Ay, ¿quién no se ha puesto hasta arriba de cola-cao a las cinco de la mañana y ha terminado potando en un container, eh? ¿Eh? ¿Eh?

No paro de leer las experiencias de otros escritores que se quejan de que el cursor del word les mira intimidante, que les insulta. Vamos, que no hay manera de concentrarse y escribir dos líneas seguidas. A mí esas cosas no me pasan, creo que soy un caso curioso (sí, te lo voy a contar, deja de rezar para que no lo haga).

Cuando empecé a escribir, hacía ocho páginas de un tirón y luego, cuando volvía a coger lo que había escrito, se venía todo abajo. Que si esto lo cambio, que si esto es una patochada, que si el kilo de mortadela no va a cincuenta euros… Al final, en tres días de repasos y más repasos terminaba borrándolo todo. Era muy autodestructiva con mi obra y cuando me visitaba la musa, yo tiraba de la cadena.

Con unos inicios así, comprenderás que sólo me dedicara a los microrrelatos. Todo lo que fuera más largo lo cortaba sin piedad, a lo Lorena Bobbit (¿te acuerdas? Si no te acuerdas, era una mujer muy maja que le cortó el “quetedije” a su marido y luego lo tiró por la ventanilla del coche. Más maja, la tía…). Pero después hice una prueba: tuve una idea, me puse a escribir hasta que comenzó “Pasión de gavilanes” (entiendes que es una broma, ¿no? Yo sólo veo “Bandolera”) y cuando volví a abrir el word, en lugar de leer lo que había escrito, seguí adelante, como los de Alicante. No mires atrás, no mires atrás, me repetía. En tres días llevaba cincuenta páginas, entonces me paré a leerlo… ¡Oye, pues no estaba tan mal! Y aquel momento supuso un momento de inflexión para mí.

Problemas de inspiración, lo que se dice problemas, no tengo, ¡al contrario! ¡Se me ocurre cada parida que fliparías (aunque no te lo parezca, filtro un poco lo que escribo aquí)! En serio, me pongo los zapatos y me viene una idea, me peino y me vienen dos, me rompo una uña y me cago en todo. A veces se me agolpan las ideas y no sé por cuál empezar, y cuando me pongo delante de una hoja en blanco, me sueno con ella. Ahora en serio, que se me van los dedos, no puedo parar de escribir, ¿cómo crees que puedo actualizar el blog cada día? Si sólo me falta cortarme las manos y dejarlas escribiendo mientras me hago un bocata (¿¿¿con los codos??? ¿Ahora con qué corto el pan?). Otra cosa es que luego lo lea y piense que me he pasado con la medicación, pero escribir, escribo “muncho, muncho”.

 

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2 respuestas a La inspiración

  1. artabro75 dijo:

    Hola:

    Yo también escribo relatos cortos e incluso diseño novelas enteras en mi cabeza, pero cuando llevo unas 50 páginas escritas, me aburro (ya sé cómo va a acabar la novela) y lo dejo. Ahora mismo tengo en la cabeza un par de historias que me encantan, pero que no me atrevo a poner a perseguir el cursor del procesador de textos por miedo a desperdiciar el tiempo.

    En fin, ánimo con la escritura y sobre como cortar el pan, no te preocupes, ya venden en muchos sitios pan precortado para casos como el que describes.

    Saludetes

    Ártabro

    • requefer dijo:

      Hola Árbatro
      ¿Por qué no pruebas a comenzar a escribir sin pensar en el final? Así te vas sorprendiendo a ti mismo de lo que va pasando (si tienes dos personalidades es más fácil). Eduardo Mendoza lo hace así…
      A mí también me pasa a veces, que ya sé todo lo que va a pasar y algún trozo se me hace pesado, pero siempre suelo dejar una escena que me gusta mucho para el final y así me motiva a continuar.
      ¡Gracias por tu consejo panadero, no se me había ocurrido! Ya puedo cortarme las manos con toda tranquilidad 🙂
      Vanessa

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