¡Eh, sin faltar!

Por fin he terminado de repasar la novela (por enésima vez), ¡ya era hora! Ahora estoy repasando otra que hice, es un thriller psicopático (entre psicológico y simpático) en el que se mezclan dos historias, una en el presente y otra en la época victoriana (no sé si había hablado de esto en alguna parte de este laberíntico blog… No me apetece buscarlo). Mira, me dio por ahí… ¿A ti nunca te ha dado por mojar una patata frita en el yogur? Pues a mí me da por escribir cosas raras.

Es curioso, cuando termino una novela siempre pienso que es un bodrio, que no vale nada, pero luego la leo y me sorprende agradablemente. Que igual, al final, es un bodrio, no te digo que no, pero a mí se me ponen los ojos como al gato de Shrek. Supongo que la novela está tan acojonada pensando que la puedo borrar que ella misma se arregla. Cambia un poco los diálogos para que no parezcan diseñados por el guionista de los anuncios de Kinder (no se ha visto cosa más ñoña en la faz de la tierra desde el vestido tirolés), retoca las descripciones (a veces, si me coge el gusanillo, aparecen sospechosamente bocadillos de chorizo en medio de la campiña) y no sé qué más hará, pero cuando lo releo, me gusta.

Lo que más rabia me da es descubrir gazapos, o alguna falta de ortografía que se me ha escapado (hay que ver cómo se escapan, como las ventosidades en una residencia geriátrica). La verdad es que no suelo hacer faltas de ortografía, tampoco me parece un gran qué como para enorgullecerme de ello, pero a veces me meto en internet y leo alguna cosa y… Creo que lo voy a añadir en mi currículum, sí: “escribo sin faltas”. ¡Madre mía, cuánto torturador de retinas anda suelto por ahí! Y no hacen faltas leves, los degenerados, me ponen “voy HABER el fútbol” (eso sí, “haber” con su hache y su be, impecable. Es que me desarman, me desarman…), “mira, una NINIA con una trenza” (será el femenino de un nini, que ni estudia, ni trabaja, ni aprobó lengua en su vida)… Para mí, la mejor que me he encontrado ha sido “BELLO púbico”. ¡El bello púbico! ¿Quién es ése, el marido de la Bella Durmiente (la tendrá contenta…)? ¿Es un nuevo mote de Nacho Vidal? ¿Se trata de una ladilla particularmente hermosa (me la imagino girando la cabeza, su melena ondeando al viento como en un anuncio de champú)? No sé tú, pero yo leo “bello púbico” y ya me pongo en modo jamacuco, y me da igual que luego practiquen SESO en el BANIO, me pongo rígida, me caigo al suelo y se me sale el páncreas por la boca entre estertores. Lo normal, ya sabes. Luego vete a buscarlo, ¿sabes? Todo lleno de pelos y de cosillas negras…

En fin, norma número uno si quieres escribir: por tu padre, no hagas faltas de ortografía. Una vez (y te juro que esto es real) pedí un autógrafo a una persona famosa (que no mentaré aquí). Me dijo: “¿Cómo te llamas?” Yo le dije: ”Vanessa. ¡Vanessa, con dos eses!” Y me puso:

“Para Banessa, con cariño.”

Venga, ahí, dándolo todo…

 

No quisiera terminar sin hacer un pequeño comentario a los responsables de los anuncios de Kinder. Tíos, os respeto muchísimo, lo de “Kinder Bueno es bueno”, es… Incontestable.

Me desarman, me desarman…

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3 respuestas a ¡Eh, sin faltar!

  1. Juan A. Díaz dijo:

    Tomando como punto de partida un completo acuerdo con sus planteamientos sobre la ortografía (he visto casos increíbles, hasta llegan algunos a cometer errores ortográficos HABLANDO…), me pregunto “animus iocandi”: ¿por qué emplea el signo “@” como si de una letra más se tratara?. Otrosí digo: ni tan siquiera ES una letra.
    En fin, me encanta su blog, al que recién acabo de llegar tras un rebote de otra página, y me encanta como escribe… o casi.
    Un saludo.
    Juan A. Díaz.

    • requefer dijo:

      Gracias por tu comentario, Juan y, por favor, tutéame (es un remedio mucho más barato que las cremas antiarrugas para sentirme joven).
      Respecto al uso de la “@”, tienes toda la razón, ni siquiera es una letra, pobrecilla (que no nos oiga, no lo lleva muy bien…), pero me gusta usarla para referirme a hombres y mujeres a la vez, es más corto que poner todo el rato bonito/a (por ejemplo). Es, si quieres, una cuestión de vagancia (una vagancia extraña, teniendo en cuenta que luego puedo extenderme largamente con chuminadas mil), pero me gusta. Si te sirve de consuelo cuando escribo mis novelas no la utilizo…
      Por cierto, me encanta que casi te encante leerme (ya ves, yo soy menos exigente).
      ¡Un abrazo!

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