Chungadas en mi nevera

Tengo un problema, abro la nevera y me encuentro dentro cadáveres de la batalla de las Termópilas. Es que aparto un paquete de nosequé y me aparece debajo otro de nosecuántos que lleva una semana caducado. ¡Pardiez! ¡Meningococos! Y cuando el plástico de las bandejas de carne se abomba hacia afuera como la panza de un luchador de wrestling que debería haberse retirado hace décadas… malo (no hace mucho vi al Enterrador por la tele… el mismo que veía cuando comía palotes de fresa, mientras hacía los deberes del cole, ¿te acuerdas de él?). Tengo la nevera peor organizada del mundo, la única donde los yogures viejos se ponen detrás de los nuevos y en los cajones del congelador se encuentran paquetes de marcas que ya no existen (el chico de “Goodbye Lenin” tendría un filón conmigo). La única nevera donde puedes encontrarte 3 medios tomates ahí, con todas las semillas al aire, es… como los calendarios de los talleres de coches pero en plan tomatero.

Vaya, si la comida fuera como el buen vino tendría una fortuna en hongos pero, lamentablemente, todo esto acaba en la basura. De verdad que me sabe mal, odio encontrarme un tupper donde se reproducen las mismas condiciones que cuando se creó la vida en la Tierra (su valor científico es incalculable), cuando lo abres algo te mira con ojitos tristones, como si intuyera que te vas a deshacer de él. No tengo estómago para tirarlo, ya he adoptado cinco “blandiblues” de diversos colores (preciosos, con suaves matices iridiscentes) que ahora retozan alegremente en el sofá. Son tan cariñosos… Y le dan una vida a la casa… Bueno, eran seis pero uno, Boris, se comió una paloma que se había posado en el balcón y me dio mal rollo. Luego cogió una pluma y la usó como palillo para hurgarse entre los dientes mientras me miraba de una forma inquietante. Tenía unos dientes como un creeter, eso te pega un cao y te deja como el logo de Apple. Tuve que tomar una decisión, lo monté en el coche, paré en medio del bosque, le hice salir para estirar los pseudópodos y… Sí, me fui a toda prisa, no me siento orgullosa de ello. Él nunca lo haría… Ya han desaparecido cinco montañistas en esa zona, sólo han encontrado sus botas y me temo lo peor, a Boris no le gusta el queso. Si lo ves, enséñale un tupper, le recuerda al útero materno y le calma mogollón. Si no tienes ninguno, tírale una mano y corre.

Esto… Comprenderás que he exagerado un poco para que te haga más gracia, ¿no? En realidad lo único que ha pasado es que me he encontrado un tupper con puré de patatas que se había usado en el rodaje de “Encuentros en la tercera fase”, nada más. ¡De verdaaaaaad, deja de “torear” mis invitaciones para comer en casa! Bueno, pues tú te lo pierdes, tengo un puré de patatas al Roquefort que tira de espaldas… literalmente.

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Esta entrada fue publicada en ¿Por qué a mí? Diario de una escritora y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Chungadas en mi nevera

  1. Edu dijo:

    Ya sé que echas de menos las prácticas de biología, pero deja de usar los tuppers como placas de Petri!! Un beso para ti y todos los seres (uni y pluricelulares) que habitan tu casa

  2. Me gusta tu blog! Lo voy a seguir.

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