Noches de blanco satén

Es curioso esto del sueño, por la noche te metes en la cama para disfrutar de un sueño reparador y se te abren unos ojos como platos (sólo los de la cara). Te quedas mirando al techo como un pasmarote, pensando en todas las cosas que te preocupan, las que te has olvidado de hacer, las que no te va a dar tiempo… ¡Hace tres días que no le das de comer al abuelo! Bah, ya lo harás mañana. Qué raro, pensar en esas cosas no te ayuda a dormir, ya son las 2 de la madrugada y nunca has estado más despiert@.

Te levantas, saludas a la entidad ectoplasmática que vive en casa y que estaba planchándose una sábana para mañana, y te preparas un vaso de leche en la cocina. Desnatada, que hay que cuidarse. Con colacao, que tampoco estás tan mal. Chorrito de Frangelico. Cucharada de miel. Cucharada de nutela. Bocadillo de calamares.

Luego vuelves a la cama junto al bulto sospechoso que ronca despreocupadamente a tu lado. Jo, qué envidia, te dan unas ganas de darle una patada en el cielo del paladar y fingir que ha sido un accidente… Chasqueas la lengua, a ver si se calla (pobre infeliz). No hay resultados determinantes. Miras el reloj. Las 4:15. Si hubieras dedicado todas estas horas a hacer el bien podrías haber terminado con el hambre en el mundo. Hablando de hambre, parece que los calamares del bocata estaban vivos porque te están dando de patadas en el estómago.

Te levantas, la entidad ectoplásmática se está probando la sábana. “¿Me hace gorda?” pregunta, preocupada. Tú pasas de largo, los ojos inyectados en sangre, tus pies desnudos helados sobre el frío suelo… ¡Chuik! Sobre la fría cucaracha… “¡Ups! Lo siento” murmuras. Bajo tu pie se oye un ligero “Culpa mía”. Cocina. Vaso. Agua. Sal de frutas. Chorrito de ron.

Qué noche, qué noche… ¡Noche? ¡Si ya es de día! Te asomas al balcón y ves cómo colocan las calles. Vuelves a la cama tiritando, te sumerges bajo las sábanas calentitas, sientes que te abandonas a un sueño, estás en un bosque con un orinal y… ¡Biiiiip! Suena el despertador. Intolerable! Te levantas, te rascas el culo (es uno de esos grandes placeres de la vida que sólo requiere que no te comas las uñas), te vas al baño y ves tu cara de entusiasmo matutino. Joder… Te lavas los dientes. Chorrito de vodka.

Lo mejor de todo es que luego, durante la mañana, sólo tienes que entornar ligeramente los ojos para sumirte en un profundo sopor que te llevará directamente al despido. Felicidades. Será mejor que te tomes un litro de café… Chorrito de Baileys.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ¿Por qué a mí? Diario de una escritora y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Noches de blanco satén

  1. Candela dijo:

    Me preocupan los tintes alcoholicos que está tomando tu blog en este post, pero mi psicóloga dice que preocuparse no es sano. Mejor me voy de cañas.

  2. requefer dijo:

    No te preocupesh, rrrrrrrrubiaaaaaa, que eshtá tooooo pagao!!!!! Digoooo, controlao!!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s