Estrategias contra niños berreantes

Los niños de menos de 3 años son esos seres personoides que creen que tienen patente de corso para hacer cualquier tontería que se les pase por la cabeza, como estampar tu mejor vestido con témperas, esconder una caca artesanal (hecha íntegramente por ellos mismos en algún lugar oscuro de tu casa que nunca podrás volver a mirar sin que te asalten imágenes terribles) en un armario de la cocina, embadurnar las plantas con betún para zapatos hojita por hojita (de un metódico que te hace pensar en algún tipo de esquizofrenia), etc. Esas cositas que ellos hacen para que tu vida sea un poco más entretenida.

Pero eso se acabó. Ahora mismo tengo un bulto sospechoso (que una vez salió escupido de mi interior, como lo oyes. Creo que es un intestino evolucionado) llorando como una almendra en su habitación. Por qué? Me ha lanzado una patada jackiechanera hacia la napia que he visto pasar la vida de todos mis mocos por delante. La he esquivado in extremis, lanzándome hacia atrás con la pericia que solo puede tener una mujer haciendo la cobra. Solo que en lugar de los morros calenturientos de un percebe enamorado había 5 deditos quesiles y un conato de callo.

Y encima de agredirme no me quiere pedir perdón, ni presentarme sus respetos, ni invitarme a un café como desagravio! Se enfurruña, se pone en plan digno y me pone sus greatest hits lacrimógenos a todo trapo. Todo esto después de un duro día de trabajo, seguido de un duro día de compras, seguido de un duro día ordenando el piso, haciendo la cena… Cuántos días en uno, leches!

Total, que he castigado al congrio, la he arrastrado hasta la cama mientras clavaba sus uñitas en el parqué (lo ha arado como si fuera un terruño, oye. Ni Freddy Krugger) y la he lanzado sobre la cama haciéndolo girar en el aire como si fuera una masa de pizza. Luego he proferido una serie de amenazas y juramentos, como tiene que hacer una buena madre, y me he largado.

Cinco minutos después ya no la oigo llorar. Segura de que mi estrategia habrá dado como resultado una niña sumisa y obediente que correrá a abrazar mis rodillas (a más no llega), abro la puerta de la madriguera del níscalo este y… Me la encuentro roncando! Se ha dormido, la tía, con un par de ovarios. Veo que la maldición gitana que le he lanzado no la ha afectado tanto como creía, tendré que perfeccionar mi técnica…

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Esta entrada fue publicada en ¿Por qué a mí? Diario de una escritora y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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