ESA MELODÍA PEGADIZA

Os dejo un pequeño post que he hecho para una página de facebook. Por qué van a sufrir solo ellos, cuando podéis aguantarme vosotros también? Disfrutad!!!

Hace unos meses oí una canción por la radio. Al principio no le presté atención pero ya sabes cómo va esto: te meten una canción por la orejas una y otra vez hasta que, voilà, hace nido en tu cabeza y ya no puedes dejar de tararearla. Lo malo es cuando no sabes de qué canción se trata y empiezas a hacer el ridículo a marchas forzadas para averiguarlo. Primero se la tarareas a tu pareja: “Oye, ¿sabes qué canción es esta?”, y empiezas a desgarrar sus tímpanos sin piedad. “¿Te suena? ¿No…? Espera, que ya llego al estribillo, ninoninonaaaaaaaa…” Haces que Tamariz parezca Il Divo. Luego repites la operación con tus más allegados. Es curioso, las personas que más queremos son las que más torturamos con nuestros gorgoritos…

En el noventa y nueve por ciento de los casos esto no surte efecto, y entonces pasamos a la fase dos: Cada vez que suena la canción en la radio del trabajo, en el bar, en la calle o en las letrinas, preguntas al primero que pasa: “Perdona, ¿conoces esta canción?”. El otro contesta: “¿Tú tampoco tienes papel de wáter?” Resumiendo, no suele funcionar porque nadie está escuchando ese ritmillo vacilón a menos que sea el último hit de Enrique Iglesias. En ese caso todos están bailando aunque sea un eructo en un bucle infinito.
Fase tres: Cuando oyes la canción, que invariablemente es en inglés masticado e incomprensible, coges papel y boli y comienzas a apuntar todos los pedazos de frase que pillas: “I loooooooooviuuuuuuu”, “Kiss mi beibiiiii”… Luego lo pones en google y encuentras todo tipo de basura espacial flotando por la red. Añade “lyrics” a la búsqueda, te ahorrarás leer la mitad de las pavadas.
Bueno, esto tampoco funciona, llegamos tristemente a la fase cuatro: Recuerdas repentinamente que tienes una app de reconocimiento de melodías en el móvil. A partir de ese momento llevas el Smartphone en una funda especial colgada del cinturón, a lo Billy el niño, con los sentidos agudizados y los dedos jugueteando con el cierre. Cada vez que oyes dos notas musicales seguidas lo desenfundas a la velocidad de la luz y… ¡Vaya, es “La Barbacoa” otra vez!
Pero cuando oyes esa tonadilla conocida que ya te está volviendo tarumba, echas mano a la funda y… ¡Sapristi, el móvil está muerto! Se me olvidaba mencionar que en todo este proceso has perdido ligeramente el control de tu cuerpo y ahora un fino hilo de baba te cuelga constantemente de la boca, pero eso ya no importa porque de la manera más tonta el locutor de radio acaba de mencionar el título de la canción, y mientras un par de fornidos enfermeros te enfundan en una sugerente camisa de fuerza empiezan a desgranarse las primeras notas: ninoninonaaaaaa…

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