Litros de alcohol y gusarapos

Sábado por la noche. Llego a la discoteca con ese aire de pantera que no se ducha porque ella lo vale. Como ya de lejos veo que el portero me mira mal y se está preparando para batearme, voy modificando mi porte hasta dar con el adecuado: el de cucaracha lastimera. Estoy dentro.

Estoy nerviosa, he venido a cazar un ejemplar de buitre leonado y llevármelo de un garrotazo a mi cueva (yo soy así de femenina), y no sé si seré capaz. Mejor me tomo una copa primero, para relajarme. Un ron conconconconcon… ron conconconcon… ¡ron con cola! Sí, noto el calorcito bajando por mi garganta y en cero coma me desabrocho un botón del anorak. Estoy desatá.

Madre mía, acaba de sentarse a mi lado el gemelo de Chus Lampreave, ¡sálvese quien pueda! Me guiña un ojo. ¡Camarero, un vodka con tang! No se va… ¡Un tequila con nachos! ¡Un agua del Carmen con yellow! ¡Un bisky con guardabarros! Ah, ya se ha ido… Tengo la garganta como un río de lava, pero ha valido la pena, porque… Hago un barrido en cuatro dimensiones con la mirada y llega ese momento mágico en que a mi alrededor solo hay príncipes azules.

A cuál más atractivo, todos me sonríen como si quisieran hacerme una colonoscopia. ¡Qué maravicio! Elijo uno al azar, el del torso alicatado y cabello dorado estilo mi pequeño pony, y le entro con sutileza. Después del elegante “hola, culo presssssioso”, le abrazo como si fuera mi gusiluz perdido y de pronto me descubro chupando un mechón de su pelo. De la cabeza.

¿Qué? ¡En algunas culturas eso es el colmo del erotismo y el saber estar!

Él no parece darse cuenta, está totalmente hipnotizado por los pelos que asoman de mi graciosa naricilla y no deja de toquetearlos y tirar de ellos, a ver si caen regalos o algo. ¡Esto no es una piñata, rrrrrrrubio! Basta de proletariómenos, me lo meto bajo el brazo y me lo llevo a lo oscuro, porque empiezo a notarme un poco cansada y no quisiera quezzzz… Zzzz… Zzzz…

Me despierto con un dolor de cabeza brutal, como cuando me tiro a la piscina de bolas y se me mete una por la nariz. A mi lado debería estar el príncipe azul, pero no. Es el hermano gemelo de Chus Lampreave, roncando como si no hubiera un mañana, el desgraciado, y con un hilo de baba que están hilando unas ninfas para tejerse un tapete. Esto es lo que pasa con los príncipes azules, que por la mañana se convierten en gusarapos. ¡¡¿¿Y qué mierda es una colonoscopia??!!

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