La lavadora (monólogo de Piedad Calero y Elio Turmell)

Este chispazo no es mío, es un monólogo de Elio Turmell hecho a partir de los twits de Piedad Calero. ¡Espero que os guste (sé que estás hart@ de leer mis burradas, así cambias un rato!

LA LAVADORA

Muy, pero que muy buenas parroquia. Hay que ver como tengo la autoestima últimamente,

¿pero es que no véis mi cuerpo…? ¡Eh, tú, he dicho solo ver…! ¡Cómo se les nota a algunos la

necesidad que pasan!, ¡pobressssss…! Pues son 43 castañas las que me contemplan y las que más de

uno se quisiera comer… ¡¡¡Ehhhhhhhh!!! si tú, otra vez el de antes, no te escondas que se te nota en la

cara… ¡me vas a dar el monólogo, hombre de Dios! Y es que una se cuida, porque si no te cuidas tú,

¿quien te va a cuidar?, ¿Garnier?, ¿pero quién es ese tio, alguien lo ha visto?, da la cara mamonazo…

Ya está bien de llevarte el mérito, que hasta mi marido se pone celoso cuando me lo trae del Súper.

Bueno, independientemente del tal Garnier, la madre naturaleza también tiene su parte de culpa, que no

es por nada, pero a la vista está lo bien que se porta con algunas…

Pero no os engañéis, lo que mejor sienta al cuerpo es la felicidad. Y lo más importante para la

felicidad personal es la calidad de vida en el hogar, si lo sabré yo bien… Sobre todo si vives en un jodio

pueblo de la sierra a tomar por saco de la civilización a 10 grados bajo cero en pleno invierno

mesetario, y se te resisten los juegos de cartas. Si, si, reiros cabrones, pero ninguno de vosotros sería

capaz de ganar una partida a los viejos de ese pueblo. Así que de tanto estar en casa he desarrollado

algunas habilidades como las de interpretar a mi lavadora. Siiiiii, la lavadora tiene sentimientos queridos

amigos, es un ente racional, pero muy muy incomprendido. Por suerte algunas personas hemos

desarrollado la capacidad de entenderlas y darles la comprensión que necesitan. Primera premisa, la

vida de la lavadora no-es-fácil.

Yo diría como buena conocedora del tema que es incluso ingrata. Y no

os engañéis, no es el técnico el que más las comprende, sino las personas que tratamos con ellas en el

día a día. Perdonad, pero me estoy emocionando…

Es que la pobre me sufre mucho. Y claro, le vas cojiendo cariño porque te pones en su lugar.

Por ejemplo, algo que la gente desconoce es el sufrimiento que les provoca la soledad. El otro día sin ir

más lejos, estábamos mi marido y yo tumbados tan ricamente en el sofá del salón viendo la televisión

cuando allí que se nos presenta ella por sorpresa, tracatraca

dando pasitos graciosos, ¡me hizo una

ilusión…! Que el soso de mi marido no se le ocurre otra cosa que decir, uy, eso es que está terminando

de centrifugar, cuando yo sé que lo que en realidad quiere es compañía. Se recorrió de punta a punta la

casa… Hemos tenido que cambiar todos los marcos de las puertas… Acabamos viendo la televisión

los tres juntos.

Luego está el tema de todo lo que se tiene que tragar la pobre…

…lo sabía, el tipo de antes…

…y lo peor no son esos calzoncillos llenos de palominos secos y con la setera reluciente que tu

marido ha metido de tapadillo el último día para que no te enteres. Ni esas servilletas de tela llenas de

restos de comida seca, no. Lo peor, querido público, son los calcetines, esos grandes cabroncetes que

lo mismo desaparecen como que se reproducen como que se estiran o encogen, como que cambian de

color. Yo creo que todas las lavadoras del mundo tienen un pique con los calcetines, la mía, por

ejemplo, me deja monedas de propina para que le meta más calcetines. Es una cuestión como de amor

propio, así que ya sabéis por qué aparecen tantas monedas en el tambor. Se vienen arriba si les metes

muchos calcetines, luego lo que sucede dentro es un misterio porque nunca salen los mismos que

entran. Esto es un verdadero drama no os riáis, en mi casa tengo siete calcetines solteros que no sé ni

en qué cajón guardarlos, ¡me dan tanta penita…! Yo le he preguntado a la lavadora, pero no hay

manera, no suelta prenda… Ella sabrá…

Luego existen cosas inexplicables relacionadas con las lavadoras que es mejor que ni os paréis

a pensar como son la aparición de prendas u objetos extraños a vuestra casa. La semana pasada, sin ir

más lejos, abro la tapadera del tambor y arriba del todo aparece un patuco de bebé, que hasta pensé

que era la cigüeña que se había adelantado, casi me da algo de la emoción. ¡Un patuco, que ricura…!,

y luego caí…, ¿cómo ha llegado ese patuco hasta mi lavadora?, a ver si va a estar criando y no nos

hemos enterado… Yo que sé…, cosas más raras se han visto. Un día de estos va a salir un ciervo de la

lavadora y lo pienso adoptar… Y es que de una lavadora puede salir cualquier cosa, ¿para qué hacerse

preguntas…? Mirad qué cuerpo, ¿pensáis que es de hacerse preguntas…?

Bueno amigos, espero haberos ayudado a descubrir un poquito más a esa gran incomprendida

que es la lavadora. Muchas gracias y no olvidéis que los trapos sucios se lavan… pues eso, en la

lavadora. Besos.

FIN

Si os ha gustado el monólogo encontraréis más cosillas en la página de Facebook de Elio Turmell.

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