Tiran menos dos baterías que…

¿Qué pasa con las baterías, que no duran nada? No sé si a ti te pasa lo mismo, pero yo cargo el móvil por la noche, por la mañana me lo encuentro al 100%, haciendo unos abdominales, lozano y preparado para afrontar un nuevo día… Y a las dos horas, a la que me descuido, miro la batería y ya está a menos del 30%. ¿Pero qué has hecho, desgraciada? ¿¿¿Te has dejado meter mano por una pila alcalina???

Estoy convencida que cuando no miro, este móvil hace videoconferencias a Nueva Zelanda para ver kiwis pelados (si lo sabré yo, que es un guarrete, solo tienes que mirar cómo tiene la pantalla…). Porque lo que es yo, apenas le doy uso: revisar los mails, dar los buenos días a mis treinta grupos de whatsapp, bajarme alguna imagen de un bebé enfadado porque es lunes (aunque tú y yo sabemos que en realidad le están acercando un mechero encendido al pie) y ya está.

Bueno, también twitear un poco, ver algunos videos graciosos, consultar mi blog, hacerme un selfie con alguien que creía que era un famoso asesino en serie pero que luego me confiesa que no, que él solo se dedica a meter petardos en los buzones. Y ni siquiera encendidos. Un fracasado. En fin, yo a lo mío, que todavía tengo que ponerme al día de todas las interacciones de Facebook y…

¡¡7% de batería ya!! ¿No te digo que este móvil tiene una vida secreta? Y no solo el móvil, la batería del portátil baja ante mis ojos sin ninguna vergüenza. Aunque yo señale la barrita de energía (por cierto, no es de cereales, te lo digo para que te ahorres el lametón a la pantalla) con un dedo acusador y grite “¡Ajajá! Te pillé bajando cual población de linces ibéricos”, ella sigue bajando y bajando a una velocidad cercana a la del sonido.

Vamos, que mi portátil no es un portátil, es un portable, porque pesa poco y se deja llevar donde yo quiero (y sin echarle drogaína en el cubata, ni nada), pero tiene que estar siempre enchufado a la corriente. Es un yonki de los electrones… Probaré a cambiar la corriente por metadona (¿o es mercadona? El gluten me nubla las ideas), a ver si lo voy desenganchando.

Un breve comentario a mi último post, donde dije que era imposible que mis posts se hicieran virales y curiosamente, fue y se hizo viral. Ya se sabe, los virus son muy porculeros. Pues eso, échale un ojo, que ahí te explico cómo ayudarme a ganar un concurso literario al que me he presentado a poncho descubierto con mi novela “Al otro lado de las llamas”.

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La viralidad o cómo se ha matao Paco

Estoy hasta los chambursís de oír que cualquier tontería, cualquier vídeo de gatitos tratando de salir de un horno encendido (al parecer alguien ha confundido cuquis con cookies), cualquier estrunciada de morros contra una barandilla se hace viral, y en cuestión de horas cientos, miles, milones (¡!!) de personas los han visto.

Yo llevo ya un tiempo en las redes sociales soltando mis paridas (bueno, son paridas, pero esto no se le ocurre a cualquiera, ¿eing? Requiere un cuadro psicológico muy concreto y una medicación totalmente inadecuada) a diestro y siniestro en mi blog, en Facebook, en Twitter… Y nada, aquí ni virus, ni una triste gripe, a lo sumo una tosecilla cojonera. Tal vez tendría que sazonar mis posts con vídeos de escarabajos con tutú (mmm, sugerente, ¿a que sí? ¡Volad con eso puesto, desgraciados!), o hacer esa cosa supersorprendente, inédita y absolutamente descimborriante que no se me ocurre (y a ti tampoco, deja de reírte por debajo de la napia). Pero no porque no se me pueda ocurrir, ¿eh? Es que sufro de estreñimiento…

A ver, ¿a quién hay que matar aquí para que la gente acuda a mis letrillas como moscas a la mierd…? ¡¡¡MIEL!!! ¡¡A la miel!! En fin, no me importa, porque llevo torta… Sí, no sabes la mala leche que se gasta el vecino de abajo cuando le tiro lejía sobre su ropa tendida. Me gusta pensar que solo escribo para una élite de hackers que han encontrado mis posts en un laberinto de vídeos de gatitos y skaters escupiendo sus dientes. Soy como el Luis Butrón de internet. Todos quieren leerme, pero solo me lees TÚ.

Por cierto, tengo una gran noticia: ¡¡¡he pasado la primera fase eliminatoria del concurso literario de editorial Tagus!!! Sí, que corra el alcohol, quememos la ropa interior, lancemos artificiales… Uy, una rata huye despavorida, se conoce que tiene resaca. Bueno, ¿y ahora qué? ¡Pues a seguir votando! Me encomiendo a ti y a todos los santos (pero más a ti, no nos vamos a engañar, porque los santos no suelen tener Facebook) para que compartas esta lucha imberbe con parientes, amigos y cuchipandi en general, para que ellos también voten (bueno, que me voten A MÍ).

Pinchas aquí, pinchas en “ver todas las obras”, luego buscas “Al otro lado de las llamas”, que oscila cual mariposuela entre las páginas 3 y 5, y la votas. ¡¡¡Gracias mil, ahora y en abril!!!

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Se acabó la supermujer

Soy una mujer sencilla, le pido poco a la vida… Bueno, vale, le pido mucho, pero por algún motivo extraño no me hace caso. Sin embargo, la sociedad sí que exige muchas cosas de mí. Con esta tontería de la supermujer, ahora resulta que además de trabajar, tengo que cuidar al congrio y pasar con ella “horas de calidad”, es decir, nada de atarla y amordazarla para jugar a ver cuánto tiempo tarda en soltarse (ah, que largas horas de siesta me ha proporcionado este juego…).

Además, tengo que comprar, tener la casa como un pincel y llevar las uñas siempre perfectas. Cuando todos sabemos que es IMPOSIBLE pintarse las uñas de las dos manos bien. Te pintas una mano, la miras, sonríes satisfecha de esa perfección hecha rouge y entonces viene cuando la matan, es decir, coger el pincel (anda, como mi casa) con la mano tonta recién pintada y comenzar a dar brochazos que en el mejor de los casos terminan en el codo.

Que no, señores, que no soy una supermujer, que yo me canso y no me apetece jugar a ponerle el rabito a la letra (uy, qué idea para una peli pornoooooo) ni al carpintero amputado que solo puede sumar con tres dedos. Y mucho menos ponerme a sacar pelos del desagüe de la bañera, que yo creo que no se nos caen a nosotros, sino que crecen desde abajo… Es mucho más probable.

Yo quiero vivir como los griegos, pero los antiguos, los que se pasaban el día paseando envueltos en togas vaporosas de Chanel y se dedicaban a pensar, a hacer experimentos chorras como tirar huevos a la gente desde el terrado o lamerse un codo, a escribir libros de tres páginas y a ponerse los abdominales como los modelos de calzoncillos. ¡¡Y a comer embutido, que antes no era cancerígeno!!

¿Estoy pidiendo mucho? Bueno, pues se acabó la perfección. La casa se va a limpiar cuando las estalactitas me peinen al pasar, las uñas las llevaré en las puntas de los dedos como deferencia, pero nada de pintarlas, mucho menos dejarlas a cuadros escoceses, y voy a abrir una línea de debates con el congrio centrados en dos temas: “Tu mierda no es mi mierda. Tu mierda no es buena mierda. Recoge tu mierda” y “El silencio como nueva forma de protesta”.

En otro orden de cosas esto iría lo primero… Que me desvío del tema. En otro orden de cosas, el concurso literario al que me presenté va butifarra en popa. Si eres de esa buena gente que me vota cada día, te transmito mi más sincero agradecimiento y un par de platos sucios para lavar (¿¿ya estoy pidiendo mucho otra vez??). Y si no lo haces, échame una mano, ¿no ves que soy una persona psicológicamente con el pelo como una escarola?

Solo tienes que, CON LA SESIÓN DE FACEBOOK ABIERTA, entrar en el concurso de Autores Tagus, pulsar en “Ver todas las sinopsis”, buscar la sinopsis de “Al otro lado de las llamas” (en la página 3 desde PC, en la página 4 desde el móvil) y votarla. Una vez al día, como hacer caca.

Ah, que sepas que www.ebrolis.com, una iniciativa para descubrir ebooks gratis o muy baratos, recomienda mi novela “Al otro lado de las llamas”. Entra y échale un ojo (y recupéralo luego, que si no es un asco y lo deja todo pegajoso).

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Un esfuercito

Antes que nada, quiero agradecerte el esfuerzo que haces votándome cada día en el concurso de editorial Tagus (si no estás votando, devuélveme las gracias, que son muy caras). Como verás, la primera, la primera, no me voy a poner… PERO lo importante es estar en las primeras posiciones, porque hay varias etapas eliminatorias donde cogen a las novelas menos votadas, las torturan, les escupen y las tiran a los leones. Se rumorea que les quitan la vocal E, incluso…

Si no estás votando, que es una cosa que no te cuesta nada, que te va a dar buen karma, que te va a hacer sentir mejor y caminar con la cabeza bien alta, que te va a convertir en un ser irresistible y siempre bien peinado, inmune a los efectos adversos del beicon, ¿a qué esperas? Algunas personas tienen problemas para votar (el sufragio universal no llega a todas partes), pero si entras desde Facebook no hay problema. Los pasos a seguir son:

1.- Suénate. Un votante que se precie tiene que ir siempre con la napia como un pincelico.

2.- Entra en Facebook. No mires las notificaciones, no cuelgues una foto de un bebé dando los buenos días, NO TE ME DISPERSES

3.- Pon en el buscador AUTORES TAGUS

4.- Pincha en VOTAR SINOPSIS

5.- Si entras desde el PC, estoy en la pg 3. Si entras desde el móvil, navego entre la 4 y la 5

6.- Vota mi sinopsis (ahora no vayas a votar el Lazarillo de Tormes, ¿eing?). Mi novela se llama “Al otro lado de las llamas” (qué casualidad, como mi abuela materna!!!)

7.- Díselo a todos los seres vivos que conozcas, para que voten también (MI NOVELA). Esto es como la Macarena, que nadie tenía buenos motivos para bailarla, pero como lo hacía el de al lado…

8.- Yo te lo agradezco extremeñamente

9.- Si eres de los afortunados a los que les funciona el link, solo tienes que pinchar aquí y votar

Si no te deja, ACABAN DE INFORMARME FUENTES FIDEDIGNAS que desde ese link, si pinchas en VER TODAS LAS SINOPSIS y buscas la mía a manija (páginas 3 en pc y 4 en móvil), FUNCIONA!!!!!

10.- Se puede votar una vez al día, así que si tienes tiempo libre ya sabes… No, no lo digo para que te toques más, que no ganamos para polvs talco, sino para que me votes. ¡¡¡Para que me votessss!!!!

En fin, la vida del escritor es dura y nos pasamos el día pidiendo, pero también es cierto que comparados con los presos de máxima seguridad somos buena gente. Generalmente. Para ser que te pido tu voto, tengo más credibilidad que cualquier político (y eso que escribo fantasía medieval, pero esto es ASÍN), y luego ni te subiré los impuestos, ni les robaré los caramelos a los niños (salvo en casos de necesidad, que estoy embarazada y necesito azúcar con forma de osito).

Sí, estoy embarazada. Sí, no aprendemos… Sí, estoy como una pelota… No hagas como mi padre, que ayer le dije que el bebé ya pesaba 800 gramos y me dijo “vale, ¿y el resto de tonelaje?”. Los bebés no vienen envasados al vacío. Sí, me encuentro bien… Sí, me encontraré mejor si me votas. Tengo muchos pañales que comprar y no todos son para mí.

Por cierto, “Al otro lado de las llamas” sigue de oferta en Amazon hasta fin de mes, a 0,99€ (con eso no me llega ni para el chupete). ¡¡¡Aprovecha, que esto sí que se termina!!!

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Pero bueno, ¿another concurso?

Tú sabes que yo soy una persona que se aburre, ¿verdad? Entre el trabajo, mi pareja, mi congrio, los amigos, la familia, el club de escanciadores de jarabe para la tos… Vamos, que me sobra el tiempo, y aunque lo vendo embotellado, me sigue sobrando. Y… ¡Me he presentado a otro concurso!

Pero este es especial porque me presento con “Al otro lado de las llamas”, mi primera novela. Sí, esa tan tan tan buena pero que como la autoedité fue vetada en todos los concursos, vejada, vilipendiada y alcalinizada por las editoriales. Pues he encontrado un concurso en el que puede participar. ¡Un concurso que no es racista, que defiende los derechos humanos de las novelas! ¡Sí, humanos, porque las hemos parido los escritores! Yo, concretamente, escribí lo que me salió del Conakri, igualito que un bebé.

Voy con un poco de retraso, porque otras novelas que han colgado antes llevan casi mil votos, ¿pero qué es eso? ¡No llega ni para un escaño! Si TÚ (te señalo con ese dedo acusador de tío Sam, que parece que te ha pillado sacándote un moco) me votas, todo es posible. ¡Además, puedes votar una vez al día! Si a ti también te sobra el tiempo, deja de darte martillazos en la rodilla y vota mi sinopsis.

El concurso, que organiza la editorial Tagus, tiene varias fases, y yo te iré informando puntualmente (e incluso te susurraré en la orejita y te meteré una cucarachilla dentro para llamar tu atención) de lo que tienes que hacer. ¿Estás conmigo? …(no se oye nada) ¿ESTÁS CONMIGO?!?!?! (se oye: “¡Aú! ¡Aú! ¡Aú!”) ¡¡¡¡Que dejes de darte martillazos en la rodilla!!!!!

Aquí tienes el link a mi sinopsis para que la votes. Desde el móvil, pincha aquí. Solo es entrar y pinchorrotear en el botón de votar, no hace falta que dejes tu currículum ni nada. ¡Ah, y si quieres leer la novela entera, te recuerdo que hasta fin de mes “Al otro lado de las llamas” está de rebajas en Amazon!

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Achaques abuelescos

Te vas al gimnasio, te enfundas tu mono de fustigar el cuerpo y te metes dos clases de spinning entre pecho y espalda. Te embutes en tus mallas de masoca y te lías a correr como si persiguieras un billete de 500€. Te estruncias en tu conjuntito de “chúpame las botas” (y lo que surja) y te pasas toda la noche bailoteando y saltando más que la niña del exorcista en una piscina de agua bendita. Y sin embargo…

Domingo por la mañana. Te levantas. Te agachas a coger un gusarapo del suelo y ¡chas! Se nos rompió el amor de tanto usarlo. ¿Un cuesco traicionero? No, un dolor abuelesco te sacude entre la espalda y el mofli, y ya no puedes levantarte. ¿Y ahora, qué? Das dos pasos inseguros a lo “gorilas en la niebla” y llegas al móvil. Uff, menos mal, tienes tres solicitudes de amistad en Facebook que esperan respuesta y…

¡No te desvíes del tema! Haciendo un ejercicio de fuerza de voluntad dejas Facebook y llamas una ambulancia. La conversación es tensa: Sí, es una emergencia. No, no puedo moverme. ¡No, no me estaba tocando! Sí… Un gusarapo en el suelo… ¡No sé de qué color, que venga alguien o me como la pata de la mesa!

Dos horas más tarde llega la ambulancia. La mesa ya no tiene patas, y estás profundamente decepcionad@ con el machismo de los carpinteros. Tanta pata, tanta pata… ¡¡¡El 50% deberían ser patos!!! En fin, los ambulancieros, grandes expertos en manipular enfermos sin provocar más daños, te cogen cual saco de papatoides y te tiran sobre una camilla. Uy, tal vez le han puesto demasiado ímpetu al asunto, porque sales disparad@ por el otro lado y caes sobre el duro suelo con un ¡chas! (pero nadie aparece a tu lado)

¡Anda, se te ha enderezado la espalda con el costalazo! Todo arreglado, entre los dos ambulancieros, mocetones recios de pelos sobaqueros más recios aún, te ponen en pie. Ahora no puedes doblarte, pero oye, nadie es perfecto. Al menos ya puedes trabajar sin tener el porkins en pompa. Aunque… bien mirado, ¡en algunos trabajos llegarías muy lejos!

Hablando de llegar lejos, si vas en metro, en bus, en tren o en pies, necesitas urgentemente algo para leer. Si no eres de leer el BOE, te recomiendo “Al otro lado de las llamas”, mi primera novela, la niña de mis ojos, el rey del roscón… Y si eres del BOE, no te recomiendo nada, eres muy rar@, PERO… Si cambias de idea, te recomiendo “Lúa”, mi segunda novela, la pegatina del bollicao, el falo del técnico… ¡Una maravilluska!

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Pierna articulada

Voy bajando por la escalera con la cadera bamboleante de una vedette y abajo está él. Yo lo veo, me pongo nerviosa, tropiezo, me tuerzo el tobillo, salgo volando hacia adelante con la fuerza de una abuela en las rebajas, trato desesperadamente de agarrarme a la barandilla pero solo consigo hacer cinco posturas de tai-chi y caigo con una graciosa desnucada. Así, con elegancia.

Él se acerca rápido y solícito. Si no fuera un escarbajo, le pediría salir, pero ni siquiera es un vertebrado. Lo nuestro no solo es imposible, es que me está dando un ascazo que me pongo de pie de un salto, ignorando que una de mis piernas parece tener ahora tres articulaciones, pego un berrido que me haría triunfar en La Voz Pigs y corrrrrrro por mi vida.

Yo soy una tía cosmopolita, sofisticada y ahora con tres articulaciones en la pierna izquierda, como comprenderás los bichos no me gustan ni con bata de cola. Por cierto, mi traumatólogo me ha visitado cada día durante toda la semana, dice que nunca había visto nada igual. Hasta se ha hecho fotos retorciéndome la pata y poniéndosela alrededor del cuello como una bufanda para luego colgarlas en Instagram. Me estaba preocupando, pero luego se ha cogido un café de la máquina y también le ha hecho una foto para instagran antes de bebérselo. Qué alivio, es una persona normal.

Me ha dicho que no me preocupe por nada, que seguro que me contratan en el circo, porque lo que es volver a poner el hueso en su sitio está complicado. También dice que utilice cera para depilarme las piernas, que con cuchilla eso pincha como un zarzal. Será posible, la alimaña esta con bata blanca…

Al menos esta experiencia me ha servido de algo. Ahora nunca salgo de casa sin el cucarachicida y siempre llevo unas bragas decentes. Nada de las bragas de setas ni las de fotos de monjas (lo sé, lo sé, no sé en qué estaba pensando), porque adivina en el instagram de quién han terminado…

Te recuerdo que solo durante este mes “Al otro lado de las llamas” en ebook está por 0,99€, un descuentazo de la releche para que nunca pueda viajar a las Bahamas.

¡Y no te olvides de “Lúa”, mi nueva novela!

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Nuevas tecnologías

Antes que nada, aviso a navegantes. Por un tremendo error en Amazon, durante este mes “Al otro lado de las llamas” en ebook tiene un descuento del 67%. Al parecer alguien no quiere que me compre el yate… ¡Corrrrrrrrre y pinchorrotea aquí antes de que los de arriba se den cuenta y se termine la tontería!

Ya sabes lo que dicen, que las nuevas tecnologías son la leche enriquecida con calcio, que cada día nos hacen la vida más fácil y bla, bla, blups… Pues bien, estoy escribiendo el post desde mi móvil y solo te lo recomiendo en caso de extremo masoquismo.
Tengo que decir que mis pulgares alcanzan una velocidad sobre el teclado táctil cercanas a la velocidad del sonido. Vamos, que la pantalla casi cruje con cada pulgarazo que le meto, pero darle a 10 letras seguidas sin equivocarme es más improbable que ganar la lotería.
Tengo las manos adultas más pequeñas que han visto la luz del sol, la talla de mi anillo de casada es de comunión. ¿Me hicieron descuento por todo el oro blanco (o papel de plata, nunca lo sabremos) que se ahorraron en la joyería? Por supuesto que NO.
Sin embargo, siento como si tuviera morcillas de Burgos en lugar de dedos cada vez que trato de atinar en una letra. Si fuera Guillermo Tell, la manzana no correría peligro conmigo. Es más, se reiría de mí. Se quedaría pelada delante de mis narices y me enseñaría el rabito, la muy fruta… ¿Cómo lo hace la gente que realmente tiene morcillas por dedos para no comérselo entre horas, digoooo para escribir en estos teclados pinyponeros (¿O es pinypontenses?)? Y lo que es peor, ¿realmente tienen morcillas por dedos o es que se terminó el papel de wáter?
Tampoco puedo usar esto del reconocimiento de voz y dictar el post, porque aquí hay gente de mentalidad débil y en el segundo párrafo ya me intentarían poner la camisa de fuerza. ¡Horreur, si este año se llevan las mangas tres cuartos!
Así que aquí estoy. Tampoco he escrito más que en una conversación tipo “ola ke ase” en whatsapp, no te creas, pero aquí nadie me contesta “ago lo ke me plase” y me aburro… Uix, la pantalla ha crujido como una nuez con artrosis. Es una señal. Es hora de dejarlo y prepararme un colacao, que me hace sentir joven y espontánea.

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Risas y favorcetes

Hoy me ha pasado una desgracia. Estaba con un montón de gente MU seria hablando de cosas MÁS serias, ya sabes, de si la tortilla de patatas tiene que llevar cebolla (tengo mucho que aportar a ese respecto) o si los huevos tienen que batirse con cáscara, ese tipo de cosas que pueden terminar en una guerra mundial termomix. Y entonces ha sucedido. Lo inimaginable. Lo inenarrable. Como un pedo, pero en roll-on…

Me ha dado un ataque de risa. Así, porque sí. Porque hoy es hoy, sin venir a cuento, sin que tuviera ni puñetera gracia nada de lo que se estaba diciendo. Esto no tendría mayores consecuencias si no fuera porque todos eran más fuertes y veloces que yo.

En fin, se me escapa la risa, intento disimular, me encojo en mi silla, parapetada detrás del Mr. Potato que tengo sentado delante, y se desata la tragedia. La de al lado se da cuenta y empieza a decirme chusmadas para hacerme reír más. Como si esas tonterías funcionaran conmigo…

Bueno, pues funcionan. Empiezo a llorar por los tres ojos (no preguntes) y consigo bajar el volumen de mi risa a algo parecido al perro Patán de los autos locos: una risilla afónica, estrangulada y altamente insatisfactoria, por cierto. Un risus interruptus, no te digo más. Poco a poco los demás se van animando y en un abrir y cerrar de esfínteres tengo un corro de manuelos a mi alrededor. Pero no para ayudar a calmarme, no… Me van diciendo tonterías, me cuentan el chiste de Mistetas, me hacen un calvo… Todo para que yo me siga riendo.

Ya no sé ni cómo me gusta la tortilla, hay un señor muy serio explicando que él tira el huevo batido directamente sobre las patatas en la sartén (menuda chapuza, sin bendecirlo ni nada…) y yo ahí, reducida a un bulto temblón, una joroba olvidada por un camello caluroso, una ciruela medrando en el intestino grueso. ¿Qué leches estoy diciendo? Nota mental: no puedo escribir después de tomarme la medicación, tengo la cabeza como el trigo verde.

En fin, que en lugar de ayudarme, la gente me enciende, yo ya estoy roja como un tomate, un saco de la risa desbocado… Disastro. Me he perdido toda la disertación sobre las sombrillas decorativas en el gazpacho, mi vida no tiene sentido y al final tengo que salir arrastrándome como un caracol looser. De repente recuerdo que no he podido dar mi opinión.

Desde la sala oyen un grito desgarrado: “¡¡¡¡Con cebollaaaaaaaa!!!!!”

¿Te puedo pedir un favorcete? Ahora se están cociendo los premios Sogni (sin cebolla), y quien quiera puede nominar la novela que quiera en la categoría que quiera. Como tengo dos noveluskas… Solo tienes que dejar un comentario votando a mi favor en cada uno de estos dos links:

Para Lúa:
https://m.facebook.com/PremiosSogni/photos/a.679055405572465.1073741834.678787975599208/679750975502908/?type=3&source=56

Para Al Otro Lado de las Llamas:
https://m.facebook.com/PremiosSogni/photos/a.679055252239147.1073741832.678787975599208/679750485502957/?type=3&comment_id=679763812168291&notif_t=comment_mention&ref=m_notif

¡Si me queréis, votarmus (a Lola Flores le quedó más salao…)!

Y ya ta. Te lo agradeceré toda la vida y pondré una velita por ti cuando se vaya la luz.

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Monstruos voladores

En el parque hay escarabajos voladores. Lo descubrí el otro día, cuando estaba yo tranquilamente pateando un macizo de petunias (¿qué? ¿No has oído hablar de la osteopatía para plantas?). De repente, una oliva negra con alas vino revoloteando hacia mí a velocidad estúpidamente lenta…

Pero no podía mover ni un músculo. No, mientras mi cerebro tejía una explicación a esa cosa en 300 fases que te resumo en:

¿Qué leches es eso?

¿Por qué es tan grande?

¿Por qué es tan negro?

¿Por qué viene hacia mi boca…?

Vamos, que al final estuve a punto de reproducir la carátula del Silencio de los Corderos, pero con una cucaracha. Qué fijación por mi boca, ¿sería porque quedaban reminiscencias de chorizo, concretamente cien gramos, remetidos entre mis muelas? El caso es que en un movimiento digno de Neo en la primera toma de Matrix (sí, esa que nunca salió en pantalla porque parecía una tortuga reumática haciendo estiramientos) me eché hacia atrás y el rinoceronte (de cerca es lo que parecía) pasó zumbando a escasos milímetros de mi napia.

¡Pero bueno, saltándose un stop y dos semáforos, el desgraciado! ¿Dónde está la policía cuando la necesitas? ¿Y el linimento? Porque al echarme hacia atrás, mi espalda crujió como un insecto-palo sobreactuado y ya no pude volver a ponerme recta. El bicharraco salido del jurásico se marchó de mi vida y se perdió entre las flores, sin ofrecerse a pagarme un quiropráctico, ni nada…

Y aquí estoy yo, doblada en ángulo de 90 grados hacia atrás desde entonces… No todo es malo, he ganado un concurso de lingo y un tipo ha venido a ofrecerme trabajo en el circo. Además, ahora veo todos los chicles que hay pegados debajo de las mesas y la ropa interior de las chicas que van con falda, ¡puaj! ¿Dónde están los mocetones con kilt cuando los necesitas…?

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