Lúa. Capítulo 6

No tenía ni idea de qué le había pasado a su primo, pero tenía que ser algo grave. Se vistió rápidamente y salió de casa corriendo. Para no perder el tiempo con metros y autobuses, cogió un taxi que la llevó a la dirección que le había indicado su primo. Al bajarse le dijo al taxista que la esperara un momento, que en seguida volvía con otra persona. Lúa miró a su alrededor y en seguida le vio tirado en medio de un charco de vómito. La luz naranja de la farola le daba un toque distinguido al cuadro. Estaba en una calle estrecha y casi no pasaba nadie, y Lúa no quería quedarse allí ni un segundo más de lo necesario, así que fue corriendo hacia él.

– ¡Sebas…!

Se arrodilló a su lado y él abrió los ojos a medias.

– Lúa…

Le habían vuelto a pegar. Tenía la cara hecha un mapa y la ropa, hecha polvo.

– La madre que me parió…- oyó detrás. Era el taxista- Yo a este no lo llevo. O te vienes tú sola o me pagas la carrera y me piro.

Ella se puso en pie de un salto.

– ¡Pero tengo que llevarle a casa! Mírale, ni siquiera sé si puede andar…

– Ése no es mi problema, no quiero que me vomite en la tapicería. Son quince con ochenta, venga.

Lúa contempló la posibilidad de negarse a pagar a menos que les llevara de vuelta, pero aquel taxista que le sacaba dos cabezas bien podía sacarle dos dientes de un mantecado.

– Oye, te pagaré el doble de lo que cueste la carrera…

– Quince con ochenta- repitió él con impaciencia.

Lúa abrió el bolso y sacó un billete de veinte del monedero. El taxista se metió en el coche y al momento volvió con el cambio.

– Suerte- le dijo antes de marcharse.

Lúa vio alejarse el coche calle abajo y se vio sola con un Sebas seminconsciente, sucio y herido.

– Me cago en su calavera…- masculló en dirección al taxista- Sebas, tienes que levantarte.

Lúa tiró de él y apenas consiguió que se quedara sentado en el suelo, apoyado contra la pared.

– Esto es una mierrrrrda- dijo él con voz pastosa.

– ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están tus amigos?

– No sé… Unos cabrones me lo han robado todo: el dinero, el móvil… Menos mal que un tío me ha dejado llamarte desde su móvil, que si no… Me sé tu número de memoria, Luíta Rizadita.

– Oye, ¿puedes levantarte?

Lúa trató de ayudarle a ponerse en pie pero no podía con él, y Sebas no ponía mucho de su parte.

– Espérame aquí- dijo al cabo de un par de millones de intentos.

Lúa se fue corriendo a una calle más transitada y paró otro taxi para ir a recoger a su primo, pero en cuanto el taxista vio aquel guiñapo en estado de desintegración la hizo bajarse y se fue pitando.

– ¡Joder, hijos de puta…!- masculló mientras se sentaba en el bordillo, al lado de Sebas.

Después de esperar un rato a que su primo se despejara y comprobar que cada vez estaba peor, Lúa decidió llamar a Dani. Sí, al cabronazo que la había apartado como una pera pocha, a ese.

– ¡Lúa!- la voz de su compañero de piso sonó alterada. Era la primera vez que le llamaba al móvil desde que le conocía y era una hora intempestiva- ¿Ha pasado algo en casa?

– Dani, te aseguro que si tuviera otra opción no te llamaría… En casa no pasa nada, pero tengo un problema. Estoy con Sebas en la calle, está muy mal. Va muy borracho y…- miró de soslayo a su primo, que se inclinó hacia delante y vomitó una vez más. Se había metido algo más que alcohol, estaba segura- está muy mal. Ningún taxi quiere recogernos, ¿Podrías venir y ayudarme a llevarlo?- al otro lado se hizo un breve silencio- Da igual, ya me buscaré la vida…

– ¿Dónde estáis?

Lúa le dio la dirección y Dani le dijo que estaría allí en un cuarto de hora. Ella se sentó al lado de Sebas a esperar, aunque la peste a vómito era cada vez más insoportable. El contenedor de basura lleno a rebosar que tenía delante tampoco ponía notas florales y cítricas al conjunto. Un grupo de jóvenes pasaron por la calle y se los quedaron mirando pero al ver la mirada asesina de Lúa pasaron de largo. Estaba asustada y no podía contar con su primo para nada pero si se metían con ellos sabrían lo que era una buena patada en las partes nobles.

– Lúa…- Sebas se inclinó y se apoyó en su hombro- Te quiero…

– Yo también te quiero, gamberro- le dijo ella mesándole el pelo-. Pero cuando todo esto pase te mataré.

Abrió su bolso y sacó un paquete de pañuelos de papel con los que limpió a Sebas lo mejor que pudo. Le limpió el vómito de la barbilla y trató de limpiar todo lo que pudo su camisa y sus pantalones. Entonces se fijó en que se había meado.

– Joder, Sebitas…

Dani llegó por fin y Lúa se puso en pie y corrió hacia él.

– ¡Gracias a Dios…!- estaba tan aliviada que le abrazó con todas sus fuerzas.

Él le devolvió el abrazo durante más tiempo del estrictamente necesario y vio a Sebas más allá de ella, en el suelo. Su estado era lamentable.

– No te preocupes, entre los dos podremos con él- le aseguró.

Sebas se había dormido y lo más que consiguieron fue que gruñera un poco cuando lo zarandearon. Cada uno se puso a un lado y lo cogieron por las axilas. Dani tenía más fuerza que Lúa y cargó con la mayor parte del peso. Al final consiguieron ponerlo de pie entre los dos y caminaron hasta la esquina así, sujetando cada uno de un lado, pero al final Dani se paró.

– Así no vamos a llegar muy lejos. Déjame a mí…

Dani lo apoyó contra una pared, se puso delante de él y se lo cargó al hombro como si fuera un saco de patatas. Sebas todavía abrió un ojo y consiguió articular algo antes de sumirse otra vez en la inconsciencia.

– Suéltame, chaval, que los tíos peludos no me van…

Dani le ignoró.

– Ven, hay una parada de bus nocturno aquí cerca que nos irá bien…

Dani guio a Lúa hasta la parada de bus y dejó a Sebas sentado en el banco de la parada. Se sentaron uno a cada lado, sujetándole para que no se cayera.

– Lo que pasa es que el conductor del autobús nos dirá algo si te ve entrar a Sebas así…- comentó Lúa.

Dani asintió.

– Cuando veamos que se acerca lo levantamos como hicimos al principio y le subimos como podamos al bus. Una cosa es que vaya bebido y otra, que esté inconsciente. No quiero que el conductor nos ponga pegas.

– Tal vez deberíamos llevarle a un hospital…- dijo ella mirando a Sebas con inquietud.

– Bah, está durmiendo la mona. Mañana estará hecho una braga pero por lo demás, no pasa nada.

– Es que…- Lúa se mordió el labio y se calló.

– ¿Qué pasa?

– Nada…

Dani la miró desde el otro lado de Sebas.

– Venga, dímelo…

– No creo que solo haya bebido alcohol.

Dani miró a Sebas y volvió a mirar a la chica.

– ¿Qué quieres decir, que va drogado?

Ella asintió.

– Le pillé un montón de pastillas en casa hará más de un mes…- comenzó a explicar Lúa.

– ¿Dices que guarda droga en casa?- Dani la miró escandalizado y elevó un poco la voz.

– Ya no está, le obligué a deshacerse de ella- dijo ella rápidamente para calmarle.

– Joder, éste nos va a meter a todos en chirona…- dijo Dani como para sí.

Lúa se enfadó.

– Oye, necesita ayuda, ¿vale? Ya no sé qué hacer, sale con un grupo que creo que es el que le ha metido en toda esta mierda. Yo intento disuadirle pero no hay nada que hacer.

El bus nocturno giró la esquina y Dani se levantó.

– ¿Tienes el billete preparado?- le preguntó a Lúa.

– Sí.

Entre los dos levantaron a Sebas y se acercaron al borde de la acera simulando que su amigo iba un poco mal pero que solo le ayudaban a apoyarse.

– En cuanto subamos el escalón del bus se va a dar cuenta de que Sebas está inconsciente- dijo Dani con pesimismo.

El autobús paró y Dani y Lúa subieron a la vez, cargando con Sebas. El conductor apenas les miró. Los dos validaron sus billetes de bus en la máquina y Lúa lo pasó otra vez por Sebas. El autobús estaba prácticamente vacío y pudieron dejar al saco de patatas en un asiento, apoyado contra el cristal como si estuviera meditando sobre la “Crítica de la Razón Pura” de Kant. Ellos se sentaron en la fila de delante. Lúa miró a su primo y se le llenaron los ojos de lágrimas.

– Un día le va a pasar una desgracia…- dijo tapándose la cara con las manos.

Dani la abrazó y la besó en el cabello.

– Todo va a ir bien, Lúa. Ya lo verás.

Lúa se acurrucó contra el pecho de su salvador y se quedó así, abrazada a él, todo el camino de vuelta. Dani le acariciaba el pelo en silencio y de vez en cuando le daba un beso en la frente.  Estaban tan cerca que casi podía oír los latidos de su corazón. ¿Irían tan rápido como los de ella? Se sintió un poco culpable por desear que aquel trayecto no terminara nunca mientras su primo yacía inconsciente en el asiento de atrás. Dani olía muy bien, llevaba ese perfume que usaba siempre y cuyo nombre Lúa nunca recordaba.

Dani le apretó el hombro suavemente. Ya estaban llegando. Lúa se levantó a regañadientes y esta vez no se anduvieron con tonterías. Como ya se bajaban, Dani cogió otra vez a Sebas y se lo cargó al hombro. Si el conductor les vio bajar así, no dijo nada. Lúa se preguntó si sería usual transportar cadáveres así por la ciudad. Total, para las pegas que se habían encontrado…

Cuando llegaron a la portería Lúa abrió la puerta y la sujetó para que Dani pasara.

– Si quieres lo podemos cargar entre los dos, que son muchos pisos- se ofreció ella.

– Bueno, yo lo subo hasta que no pueda más y entonces lo llevamos entre los dos, ¿vale?

Dani comenzó a subir las escaleras por detrás de Lúa, que se giraba a cada instante para ver si iba bien. Al final el tío llegó arriba del todo como un campeón. Lúa abrió la puerta del piso y se adelantó para abrir también la del cuarto de Sebas. Dani lo metió dentro y lo dejó caer sobre su cama con un suspiro.

– ¡Cómo pesa, el condenado…!

Lúa comenzó a registrar a su primo sin miramientos y Dani se sorprendió.

– ¿Pero qué haces?

Lúa sacó la mano de un bolsillo sujetando una bolsita con un par de pastillas entre dos dedos.

– Lo sabía…- dijo mirando a Sebas con una mezcla de rabia y decepción.

– Anda, déjale dormir la mona. Mañana ya hablaréis de esto.

Lúa salió detrás de él, cerró la puerta y se apoyó en ella cerrando los ojos. Estaba agotada anímica y físicamente.

– ¿Estás bien?

Lúa abrió los ojos y se encontró con Dani a su lado, mirándola con preocupación. Ella negó lentamente con la cabeza.

– Ya se me pasará…- dijo mientras se iba a su habitación.

Lúa esperó que él la detuviera y la besara pero no lo hizo. A lo mejor Dani era un poco lento. Mientras se ponía otra vez el pijama esperó que él entrara en su habitación y le hiciera el amor pero no lo hizo. Seguramente era tonto del culo. Se echó sobre la cama y esperó, y esperó… y se quedó dormida. No cabía duda, era un gilipollas.

Al día siguiente Lúa se despertó con el móvil otra vez. ¿Quién demonios sería? Miró la pantalla con ojos legañosos y vio que era Elena. ¡Mierda! Sus amigos venían hoy a verla, habían quedado que pasaría a recogerles a la estación de tren.

– ¡Lúa, ya estamos aquí!- la voz alegre de Elena terminó de despertarla- ¿Dónde estás?

– ¡Joder! Elena, he tenido un pequeño problema, estoy allí en quince minutos, ¿vale?

Lúa colgó sin esperar respuesta y saltó de la cama como un gato. Pasó por la habitación de Sebas, que dormía a pierna suelta en la misma posición en la que Dani le había dejado. El cuarto apestaba a vómito y a meados, y Lúa tuvo que hacer un esfuerzo por no salir pitando.

– ¡Sebas!- le gritó desde la puerta- ¡Sebas!

Sebas se llevó las manos a la cabeza. Debía de tener un resacón monumental.

– ¿Qué?- preguntó malhumorado- ¡No grites!

– Los de Lleida están aquí. Vamos, levántate.

Sin esperar respuesta, Lúa fue a darse una ducha. Le daba la impresión de que toda ella despedía un ligero tufo a vómito y de repente le dio mucha vergüenza que Dani la hubiera abrazado así la noche anterior. La chica se metió bajo la ducha y dejó que el agua caliente la empapara. Cuando cerró el grifo para enjabonarse siguió oyendo ruido de agua y asomó la cabeza fuera de la ducha. Vio a alguien de pie en el baño y soltó un grito que le sobresaltó. Era Sebas, que estaba meando.

– ¿Cómo te atreves a entrar aquí? ¡Me estoy duchando!- le gritó ella, parapetada tras la cortina de la ducha.

Sebas le contestó sin dejar de mear, de espaldas a ella.

– ¡Joder, qué susto! Voy tan empanado que ni siquiera me había dado cuenta de que estabas ahí…

– ¡Y sigue meando, el tío! ¡Que te pires!- Lúa le lanzó una esponja jabonosa que le impactó en el hombro de refilón y cayó al wáter con un “¡plof!”. Sebas se quedó mirando la esponja mientras terminaba de mear encima y se cerraba el pantalón.

– Yo no pienso recoger eso- dijo mientras salía del baño.

– ¡Te odio!- le gritó ella a la puerta.

Lúa terminó de ducharse rápidamente, se vistió de un salto y se marchó volando.

Era una suerte que viviera tan cerca de la estación, así pudo llegar más o menos en el tiempo previsto. Les encontró a todos sentados en círculo en un rincón, con sus mochilas en medio. Solo les faltaba la fogata. Willy, con sus rastas recogidas en una coleta, la vio acercarse y avisó a todos para que se levantaran.

– ¡Tardona!- Katia se lanzó a abrazarla, y los demás hicieron lo mismo.

– Perdonadme, hemos tenido un percance con Sebas…

– ¿Dónde está?- Willy miró a su alrededor- Seguro que está durmiendo la mona, como si lo conociera.

– Más o menos…

Lúa les llevó a casa y se la enseñó toda menos la habitación de Sebas, que olía a muerto, y la de Dani, que olía a macho misterioso e inaccesible.

– Está chula- comentó Katia mirándolo todo.

Sebas apareció al poco. Se había duchado y vestido pero seguía teniendo la cara magullada.

– La leche, ¿qué te ha pasado?- le preguntó Chechu mientras todos se acercaban a él.

– Que he entrado en el baño mientras Lúa se duchaba y se gasta una mala leche…- sacudió la mano mientras sonreía.

– Gilipollas, la esponja sigue en el wáter esperándote. Como no la saques…- Lúa hizo ver que se hacía crujir los nudillos.

– Claro, con urea irá muy bien para que mantengas esa piel tan suave…- se rio Sebas.

– Ya veo que no os aburrís- intervino Elena.

Dani entró en el comedor y saludó. Había oído ruido de gente y se había arreglado antes de salir de su habitación.

– Buenas- saludó en general.

– ¡Hombre, el buenorro!- saltó Katia acercándose a él- ¿Cómo te llamabas?

– Dani, ¿y tú?

– Katia. Esta es Elena, y ellos son Chechu, Willy y Albert.

– Vaya, no me dejas hacer de anfitriona ni en mi casa- comentó Lúa.

– ¿Qué os apetece hacer?- dijo Sebas.

– ¡A la playa!- gritaron todos a coro, obligando al chico a taparse los oídos porque la cabeza le iba a explotar.

– Ya veo que os interesa mucho la cultura, los museos, los monumentos…

– ¡A la playa!- volvieron a gritar.

– ¿Quieres venir?- le dijo Chechu a Dani.

– Vale.

Lúa se fue comiendo la cabeza por el camino. Estaba convencida de que si le hubiera propuesto ella lo de la playa, Dani habría rechazado su invitación. Willy se puso a su lado en el metro y la cogió por la cintura.

– Te he echado mucho de menos- le dijo al oído.

Willy sí que estaba por ella de verdad. Se preguntó por qué no podía salir con él y olvidarse de los problemas pero ya sabía la respuesta. Willy era un encanto y le atraía mucho físicamente, pero no estaba enamorada de él. Como siempre, era incapaz de escoger el camino llano y con rastas, a ella le gustaban las cumbres escarpadas sin afeitar. Willy lo comprendía y se conformaba con echar un polvo de vez en cuando con ella, pero a Lúa le preocupaba que nunca saliera con ninguna otra chica, como si estuviera esperando a que ella se diera cuenta de repente de que le amaba locamente.

Llegaron a la playa y en seguida se quedaron todos en bañador. En general estaban todos más blancos que la leche desnatada. Lúa destacaba con su moreno etrusco.

– Qué morena estás, jodía- comentó Elena con un deje de envidia.

– ¿No vas a hacer topless?- le preguntó Katia guiñándole un ojo.

– No, no…- Lúa miró a Dani de refilón pero él no la estaba mirando.

– Venga, Lúa, ya te hemos visto todos en tetas en el río- dijo Chechu de buen humor-. Hemos venido hasta aquí para eso…

– Qué idiota eres…

Por un día iba a coger marcas del bikini en el pecho, pero no iba a enseñarle sus encantos a Dani. Katia y Elena tampoco lo hicieron por respeto a ella.

– ¡Vamos al agua!- gritó Sebas, aparentemente recuperado de su resaca.

Todos corrieron como locos y se lanzaron de cabeza al agua. Lúa cogió a su primo aparte para hablar un momento.

– Tenemos que hablar de lo que pasó ayer- la cara de Sebas se convirtió en una máscara funeraria-. Ahora no, cuando estos se vayan…

Él la besó en la frente.

– De acuerdo.

– Me tienes muy preocupada…

Eso fue todo. Ya lo mataría más tarde, cuando no pudiera salpicar a nadie. Se unieron a los demás en el agua y estuvieron un rato salpicándose y jugando con una pelota que había traído Willy. Al cabo de un rato, este se acercó a Lúa y la abrazó. Ella se quedó cortada un instante y luego de devolvió el abrazo. ¿Por qué tenía que esconderse de nada? Dani se tiraba a quien quería delante de ella… Willy comenzó a susurrarle tonterías al oído y la hizo reír.

– Qué bruto eres…- le dijo con una sonrisa juguetona.

Él la sujetó por la nuca y la besó en los labios. La besó tan ardientemente que comenzaron a oír silbidos de sus amigos a su alrededor.

– Oye, el canibalismo está prohibido en esta playa- dijo Sebas sonriendo.

Lúa dejó de besar a Willy y le sacó la lengua a su primo. Dani estaba al lado, mirándola fijamente. Ella le sostuvo la mirada. ¿Qué se había creído, que iba a cortarse? Lúa sacudió la cabeza. Se estaba montando unas paranoias en la cabeza que vaya tela. Seguramente a Dani se la sudaba con quien se besara y solo la miraba porque… porque era un cerdo.

– Cuando volvamos a casa tengo una cosa para ti- le dijo Willy, reclamando su atención otra vez.

– ¿Una cosa? Yo quería dos o tres cosas…

– Chica, vas a dejarme seco.

Los chicos salieron del agua para tomar el sol y Lúa fue con ellos. Willy se quedó un par de minutos más en el agua para que no se le viera la tienda de campaña al salir. El contacto con la morena le había animado demasiado y ahora… Bueno, tenía una antena bajo el pantalón como para irse a una convención de radioaficionados. Lúa se estiró sobre su toalla y sorprendentemente se encontró con Dani echándose a su lado.

– No sabía que tenías novio- le dijo en un tono neutro.

– Es que no tengo novio. Willy es mi amigo.

– ¿Besas así a todos tus amigos?- le preguntó él.

– ¿Me estás pidiendo explicaciones?- contestó poniéndose de lado para ponerse de cara a él.

– No, haz lo que quieras…

– Eso pensaba hacer- dijo ella frunciendo el ceño.

– ¿Aún estás enfadada conmigo?- Dani la miró de una manera que ella casi se arrepintió de haber besado a Willy.

– No estoy enfadada, solo es que tú y yo no somos amigos, ¿recuerdas?

A pesar de lo bien que se había portado con todo el tema de Sebas…

Willy llegó en ese momento y Dani se calló, aunque el recién llegado fue a echarse con Sebas y Chechu.

La mañana transcurrió entre juegos y risas y a mediodía volvieron a casa a comer. Por suerte Katia se hizo cargo de la comida porque Willy cogió a Lúa por sorpresa y se la llevó a su habitación.

– Ya era hora…- dijo mientras le quitaba la camiseta.

Ya era hora. Hacía meses que no echaba un polvo y lo necesitaba, necesitaba sentirse amada, hermosa y contorsionista, y Willy se encargó con maestría. Incluso la sorprendió con trucos nuevos.

– ¿Dónde has aprendido a hacer eso?- le preguntó ella, asombrada y encantada. Willy la miró enigmáticamente pero no contestó- ¿Has estado con alguna chica por ahí?

Lúa le dio un mordisquito en el hombro y él se echó a reír.

– No, lo vi en una peli y quise probarlo.

– Joder, nene, qué pelis ves…- comentó ella con aprobación.

Cuando salieron de la habitación hicieron como si tal cosa. La comida ya estaba a punto y en la mesa. Todo fue muy agradable pero ella tenía la sensación de que Dani no le quitaba ojo de encima. Le estaba bien empleado, al cabrón…

Por la tarde jugaron a juegos de mesa y después Sebas y Lúa acompañaron a los demás a la estación de tren, donde tuvieron una despedida de lo más emotiva, sobre todo Willy. Durante la tarde Lúa le había sorprendido charlando con Dani en el lavadero y se preguntaba de qué habrían hablado, Se habían callado nada más verla, haciéndole sospechar que ella el tema de debate. Si hubieran estado hablando de marcas de yogur habrían seguido como si tal cosa, ¿no? Además, tampoco tenían nada más en común…

Aquella noche, cuando se quedó a solas con Dani en el comedor, ya que Sebas todavía no estaba recuperado y necesitaba descansar, le preguntó con más o menos disimulo.

– Ya he visto que te has hecho amigo de Willy- le dijo mientras se llevaba una palomita a la boca.

Dani la miró sin abrir la boca.

– ¿De qué hablabais en el lavadero?- a la mierda el método sutil.

– De ti.

Lúa abrió la boca, atónita.

– ¿Qué decíais de mí?- Lúa se imaginó la serie mentalmente: Katia le cuenta lo de Dani a Elena, Elena a Willy y Willy mete la pata hasta el fondo.

– Él solo tiene palabras hermosas para ti. Te quiere mucho.

– ¿Ha ido a decirte que me quiere mucho?- preguntó ella con incredulidad.

– No, ha ido de decirme que…- desvió la mirada- Da igual.

– ¡No, ahora me lo cuentas!

– Es igual…

Lúa se puso de rodillas en el sofá y se inclinó sobre Dani como si fuera un matón de taberna.

– Oye, o me lo cuentas o te practico un cambio de sexo con una sierra mecánica, tú mismo.

Él trató de apartarla cogiéndola por las muñecas pero ella se sentó a horcajadas sobre su regazo con una sonrisa de superioridad. Dani la miró como si estuviera regañando a una niña pequeña.

– ¡Lúa, quita de encima ya!- incluso dejó de forcejear con ella, no estaba jugando.

– Pues dímelo- Lúa se cruzó de brazos, desafiante.

– ¡Que te quites, joder!- Dani la cogió casi en volandas y la echó a un lado.

Ella se quedó descolocada por la rabia con que la había echado. Se quedó a un lado del sofá, encogida y confusa. Dani se levantó y se fue a su cuarto. Joder, si fuera más raro sería de gomaespuma…

Capítulo 7

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4 respuestas a Lúa. Capítulo 6

  1. Pingback: Piel canela | Al otro lado de las llamas

  2. Mª Angeles dijo:

    Te agradezco que sigas dejándonos disfrutar de Lúa , espero poder seguir sus andanzas gracias a tu generosidad .

  3. requefer dijo:

    Gracias a ti por dejar comentario!!! Ahora me siento menos sola en mi celda acolchada… Un besote!!!

  4. Olatz dijo:

    Otro buen capítulo de Lúa… me encanta seguir con esta lectura!!!!

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