El perfume de navidad y la madre que lo trajo

Cada vez me gustan menos las fiestas, todo me parece una maniobra publicitaria para que comiences a comprar polvorones en octubre y luego te dejes los ahorros en regalos. A ver, que es muy bonito tener un detalle con los que más quieres pero más de la mitad de las veces sales a la calle a vagar por las tiendas sin tener ni pajolera idea de lo que le puede gustar al tío Kirico. Dices, ¡me paro en la primera tienda y a tomar por el jurjo!, pero cuando te ves ante una jaula para hamsters te das cuenta que no es tan buena idea. Cuando llevas cinco manzanas recorridas ya hasta empiezas a cogerle manía al destinatario del regalo, y todo. Maldito tío Kirico, con la de molestias que te estás tomando y él te va a regalar unos calcetines rancios… Y entonces se te ocurre: “¿Y si le regalo un perfume?” Claro, es un regalo muy socorrido, siempre quedas bien… ¡Pues no!

El perfume es una cosa muy íntima, ¿cómo se te ocurre? Y lo peor es que vas a escoger el que tenga la botella más rara, que parezca un premio de la MTV (¿los has visto? Parecían la antena de la tele del pueblo de mi tía), o el que hayan anunciado por la tele hace cinco minutos. ¡Pero huélelo, alma de cántaro, que no puedes regalarle un perfume que se llame “Poison” a tu abuela, la que parece salida de un anuncio de fabada! Ella lo aceptará con una sonrisa desdentada, lo abrirá, lo olerá… y caerá redonda al suelo. Venga, todos al hospital. “¿Otro caso de Poison?”, preguntará el médico de urgencias. “Es el cuarto en lo que llevamos de día”. Por cierto, el médico de urgencias es un cardo, nada que ver con “Anatomía de Grey”. Esto es un engaño, me siento estafada y paso de autolesionarme más para ir a urgencias. No insistas.

Es sorprendente la cantidad de gente que no usa perfume, por las mañanas cojo el metro/tren/bus y tres de cada cinco veces se me sienta al lado un sujeto pasivo que huele a eau de Sobac que tira de espaldas. ¡A las siete de la mañana, por el amor de dios, si no ha tenido tiempo de sudar todavía, el desgraciado! ¿Es que ha soñado que corría la maratón? ¿Está haciendo compost en los bolsillos del pantalón? A és@ sí que le puedes regalar perfume, el que sea. O jabón. O regálame a mí una mascarilla antigas, no sé.

Yo me molesto en ponerme perfume cada mañana, de hecho me siento desnuda si no lo hago (mi pareja dice que le pasa lo mismo cuando sale de casa sin pantalones, qué curioso). Uso un perfume fresco, afrutado y tropical (pero sin coco, es importante que quede claro) que me hace sentir que estoy en una república bananera disfrutando de un mojito. ¿Y qué te hace suponer que no estoy allí ahora mismo, eh…? Hombre, pues que todavía estoy con la gripe intestinal, por ejemplo. De mojitos, nada, que aún estoy malita, estoy en modo agüela, en el sofá tapada con una mantita. Pero, ¿ves?, en una república bananera sí que estoy, qué suerte la mía. Se llama España.

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