Había una vez… un problema como un pan de kilo

Te voy a contar un cuento. Había una vez, en un reino muuuuuy lejano al que no llegaba el AVE, una princesa del pueblo que se aburrió de tricotar calzoncillos de lana para todos los caballos de los establos reales y escribió una novela. La novela salió publicada a través de Amazon, una cooperativa de juglares que iban cantando cantares de gesta y haciendo declaraciones de renta por un módico precio.

Todo parecía maravilloso, los habitantes del reino compraban su novela, en la que explicaba cómo deshuesar un pollo con los dientes entre otras cosas, y la recomendaban a  todos (no recomendarla estaba penado con la muerte). Pero una sombra se cernía sobre el futuro de la princesa…

La gente reclamaba la novela en papel, ya que en formato digital (es decir, un juglar leyendo en voz alta) no podían alimentar el fuego con sus tiernas páginas después de leer, pero Amazon exigía un código ITIN de la muerte para que sus juglares, además de leer en voz alta, cargaran con los libros por todos los pueblos y ciudades.

La princesa fue a ver a una bruja para conseguir el código ITIN. La bruja, que era más fea que la pelotilla de un escarabajo, hizo un brebaje con una fotocopia del pasaporte de la princesa, un extraño documento donde le pedían sus medidas, con qué frecuencia iba al baño y otras cosas que no pueden ser nombradas, y ojos de topo. Le dijo “esperarás 6 semanas y un día, y por la mañana despertarás con el código ITIN pegado a una muela”.

Un juglar de Amazon fue a ver a la princesa y dijo: “Pisha, para que sigamos cantando tus novelas en formato ebook te vamos a pedir también el famoso ITIN antes de la próxima luna llena o nos coseremos la boca con hilo de pescar para no hablar más de pollos deshuesados”. La princesa había hecho todo lo que se le había pedido y estaba tranquila, pero a las 6 semanas lo único que había en la muela era una caries como la fosa de las Marianas.

La princesa fue a ver a la bruja, que por culpa de unos kikos encantados sólo hablaba en inglés (tócate las narices), y después de tres horas discutiendo a ver quién tenía el pito doble resultó que en el brebaje faltaban dos ingredientes: colorante alimentario y una carta del ayuntamiento de San Jurjo de la Pelotilla conforme sus albóndigas a la jardinauer son las mejores. Es decir, vuelta a preparar la bazofia esa y esperar 6 semanas más, sobrepasando el límite de Amazon para darles el ITIN…

¿Tal vez he sido demasiado sutil en mi cuento? Que estoy del ITIN y su abuela hasta las narices, que acabo de enviar la documentación que faltaba y una lata de berberechos de “La Cuca” para que me tramiten el dichoso numerito lo antes posible pero tengo que hablar con Amazon porque si el 25 de octubre no lo tengo bloquearán las ventas de la novela hasta que se lo diga.

Vamos, que si quieres comprar la novela, hazlo ya. No se que se acabe para siempre, eing? Sólo hasta que consiga el ITIN pero…¡¡Que la compres ya, no sé por qué te doy tantas explicaciones!!

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4 respuestas a Había una vez… un problema como un pan de kilo

  1. Échale un mal de ojo a la bruja maruja, princesa. Y no te mires demasiado al espejo o acabarás como ella ;-P

  2. sarmorejah dijo:

    Hay que tener ganas de aburrir al talento. Pero me encanta tu cuento explicativo. Que no pasa nada. Kendra ya sabrá como arreglarlo.

    Mientras comprar la novela que es un regalo.

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