Menage a true detective

El trabajo de detective es muy duro. Pero no esa tontería de meterse en internet y sacar toda la información, que eso se hace en pijama de conejitos y pantuflas desde casa… Bueno, y sabiendo más de ordenadores que la niña que soñaba con una cerilla y un bidón de gasofa. Detallitos. Yo me refiero a pisar la calle, a seguir al sujeto, aunque llueva, aunque se meta en una sauna (y tú ahí, con tu gabardina, aguantando mecha…), aunque vaya sembrando el pasillo de pedos encebollados.

¡Eso es perseverancia!

Para ser un buen detective, lo primero que tienes que hacer es meterte en la tienda del espía (cualquier persona que entra en esa tienda pasa a formar parte de un listado que se utiliza en el servicio de inteligencia en casos extremos, como cuando se termina el papel de wáter) y comprar todo lo que pilles: el zapatófono, los clips de pelo de Pucca (¿qué ha pasado con Pucca? ¿Fue flor de un día? ¿Qué tienen los Beatles que no tenga Pucca? Eso es otro debate apasionante que abordaré cuando se extingan las patatas fritas) con cámara incorporada, el moco colgante falso, el puro con un petardo dentro…

Cuando ya te has pertrechado como para rodar Casino Royale Manzanares, te vas en busca del pichón, aguardas pacientemente que salga del baño, entras rápidamente tras él y tomas una muestra de pelos de esos que hacen que te preguntes sobre la alopecia pollera y luego le sigues. Apuntas en tu libreta de espiral de los chinos todos sus movimientos: pierna derecha, pierna izquierda, pierna derech… ¡Que no se diga que se te escapa detalle!

El sujeto se mete por una puerta, tú detrás. Una mujer despanzurrante espera al otro lado. El palomo se quita la ropa, tú también. El pichón se pincha a la moza, tú por el otro lado. Hay que pasar desapercibido. Tal como daba a entender su descripción, la mujer se despanzurra. Te integras tanto que ellos paran y te aplauden. Mientras tanto, no dejas de hacer fotos con la cámara que tienes oculta en el reloj de cuco que llevas colgado del cuello. Nadie se da cuenta.

Todo termina, te vistes, te vas como una sombra, un ninja, un fantasm… ¡Crash! Tócate el mondongo, el jarrón chino este, que se ha cruzado en medio y… Nada que no se arregle con un poco de pegamento… En fin, te vas sigilosamente pisando los trocitos de porcelana y redactas tu informe para la tipa despanzurrante, que es la que te contrató. Pues nada, el maromo le está siendo infiel con ella misma, está claro, y con un hombre misterioso que irrumpió dándolo todo y dejó el pabellón tan alto que hay que subir en globo.

Eso no puede hacerlo la niña pirómana con su portátil, ¿eing? ¿EING?

Tienes que saber, si es que tus dotes de detective no te lo han mostrado ya, que he pasado otra fase eliminatoria del concurso literario de editorial Tagus. ¿Cómo, aún no se ha terminado? Pues no, alma santa, no, esto es como el parto de la burra, así que voy a pedir tu voto cual candidato a presidente de la escalera. Solo tienes que dejar que tu ratón se emocione aquí, ir a ver todas las obras, y la mía está en la pag 4 (o la 5 si entras desde tu móvil o desde Canarias). Puedes votar una vez al día. También puedes no hacerlo y sufrir las consecuencias…

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